
En lo que bien podría tratarse de una plataforma nuclear (la plataforma de Bevatrón) ocurre un desafortunado accidente.
Precisamente ese mismo día, antes de que ocurra el accidente, los Hamilton habían estado discutiendo respecto del futuro inmediato. Sucede que a Jack lo han inhabilitado en su trabajo, ya que sospechan que su esposa Marsha es comunista. Marsha sospecha que Mc Feyffe, a quien consideraba su amigo, ha intervenido desfavorablemente en ese juicio.
Los argumentos en contra de Marsha son tan sutiles que incluso consiguen confundir a Jack. Después de todo, nunca conocemos en verdad a una persona, incluso cuando convivamos con ella. Nunca podemos tener la certeza de los pensamientos que se producen en el interior de su cabeza.
Luego del accidente, Jack comienza a experimentar cierto grado de irrealidad. Los médicos le aseguran que es algo temporal y totalmente normal.
Un día invita a su casa a una de las personas que ha compartido con él aquella trágica experiencia del accidente. Sorpresivamente, comienza a tratar groseramente a esa persona, lo que despierta en ella una ira que se traduce en una lluvia de langostas.
Marsha sospecha que tal vez nunca se hayan despertado del accidente y que en realidad todos permanezcan aún inconscientes, tirados en el piso.
Sea como fuere, Jack se presenta ante Tillingford con la esperanza de conseguir un nuevo empleo. Allí, ante la agencia para el fomento de la electrónica, comienza a hacer una serie de descubrimientos inquietantes. Sus colegas, considerados hombres de ciencia, parecen más interesados en el misticismo que en cualquier otra cosa… incluso es posible que toda la agencia tenga como único fin la utilización del soporte técnico para acercarse a experiencias místicas.
Este misticismo particular no afecta solamente a la compañía electrónica, sino que comienza a manifestarse en todas partes alrededor de Jack. Si un coche se descompone, descubre que es posible repararlo leyendo unos salmos. En un bar hay una máquina expendedora que crea espontáneamente el producto, a medida que es solicitado. Una máquina expendedora sin depósito… o con un depósito infinito…
Inquieto y perturbado, se toma unas cervezas y se deja convencer por Mc Feyffe de ir a visitar a un cura, en mitad de la noche.
El cura bendice el paraguas de Jack y, con él, remontan vuelo hasta acabar en una vasta superficie que confunden con un océano pero que es, en realidad, un inmenso ojo.
Trastornado por los acontecimientos, Jack convoca a todos los sobrevivientes del accidente, con la intención de desentrañar el misterio que les está afectando.
Los protagonistas intuyen que detrás de toda la apariencia caótica hay una lógica que determina todo lo que les está pasando.
El coloquio arroja la hipótesis de que, de alguna extraña manera, han quedado ligados y atrapados en la mente de otro. Han despertado del accidente, pero en la mente de otro. Están experimentando el mundo a través de la lógica del sueño de otro.
Así las cosas, conciben el plan de despertar al durmiente, con la fantasía de recuperar la realidad. Sin embargo… las cosas no serán tan sencillas.
El lector, junto con los protagonistas, podrá comprender que despertar es una aventura sin retorno.
Sencillamente alucinante.




