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Los electrocutados

¿Por qué nos cuesta tanto pensar?

Yo te digo que nos cuesta pensar porque somos ociosos y vagos. Preferimos postergar cualquier acto que implique esfuerzo alguno. Somos así, qué remedio.

Luego, la mente funciona por fijación de ideas por analogía. Mientras menos sabemos, menos pensamos y menos exploramos nuevos horizontes, más nos cuesta pensar o concebir nuevas ideas o nuevas percepciones, porque no tenemos de dónde sostenernos, no tenemos adónde remitir.

Cuando nos encontramos con una idea que no podemos relacionar con nuestro caudal de ideas preexistentes, entramos en cortocircuito. No entendemos nada y la reacción, en líneas generales, suele ser de disgusto o malestar.

La mente es un pastizal silvestre. Estamos acostumbrados a transitar siempre por el mismo camino porque ese camino ya está trazado por la rutina.

Sin embargo, es imprescindible que aprendamos a improvisar nuevas ideas, que nos corramos aunque sea un poquito de lo preestablecido, para poder percibir la belleza posible de lo insólito. Lo que dista mucho de postular lo nuevo como válido. No soy un perseguidor de lo nuevo y no me interesa convertirme en un apologista de la modernidad. En realidad, es al revés. Lo nuevo suele ser una repetición de patrones de conducta solidificados desde tiempos inmemoriales ya.

Los electrocutados es una obra que no se regodea en su modernidad. Sin embargo, es absolutamente moderna. Es producto de una época y de unas maneras de concebir la realidad que solo pueden ser pensadas e imaginadas a partir de la época presente. No obstante, no resulta moderna gracias a la modernidad, sino a pesar de ella.

Los electrocutados propone un abordaje diferente sobre la percepción del mundo. Nuevamente, no hay que confundir lo diferente, lo raro o lo moderno con lo que vale la pena, lo bueno y lo útil. Los electrocutados es una obra inquietante, porque nos demuestra que todas estas ideas persisten en cada línea, a cada vuelta de página y al final perdemos el control sobre un asunto en el que nunca tuvimos ningún control. Nos advierte que el camino es sinuoso, pero guía nuestros pasos, aunque no se sabe para qué ni hacia dónde y luego se extravía ella misma y extravía también al lector.

Y así, precisamente, es como se escribe la nueva literatura.

Al menos la nueva literatura que realmente vale la pena.

El que lo entiende, sabe que no tengo mucho más que decir y el que no lo entiende, no va a entenderlo nunca. Lo siento.

No vayas a creer que no es posible burlar a tu propio cerebro.

A fin de cuentas, no es más que una máquina y, como tal, es susceptible de ser modificada, reparada o reordenada de una manera u otra.

No obstante, la peculiaridad de todo esto radica en que tampoco la mente sirve en realidad de mucho, lo único que verdaderamente sirve es un instante que acaba de darse a la fuga.

Se equivocan los que entienden que Los electrocutados es una obra vanguardista y pomposa. En realidad, tiene una estructura bien clásica y tradicional.

No obstante, Los electrocutados no es un libro intelectual y tampoco se trata de un libro que admita demasiadas interpretaciones metafóricas. Tampoco es un libro experimental cuyo fin o cuyo discurso sea meramente lúdico. No se trata de una obra expresionista-abstracta. Es una obra escrita con rigor cientificista. Gira en torno a la razón y no gira en torno a la intuición. No obstante (y aquí es donde brilla su máxima originalidad y riqueza) mezcla y confunde constantemente unas instancias y otras, pero no mezcla todas las cosas en una ensalada sin sentido (tan en boga entre los posmo-esnobs), sino que las mezcla idealmente. En una aporía fenomenal y cautivante.

Lo que Los electrocutados consigue es poner de manifiesto la proximidad que existe entre un mundo y otro y entre todos los mundos posibles.

Arrastra al lector a esa zona de coincidencia extraordinaria. Esa zona indescriptible que, no obstante, resulta harto familiar.

Y desde allí se manifiesta y nos saluda.

***

Al igual que en Sol Artificial, J.P. Zooey recurre en Los electrocutados al recurso de lo fragmentario y/o episódico. La diferencia es que mientras que en Sol Artificial el hilo conductor era bastante discutible y difuso, en esta obra hay una concepción mucho más evidente de conjunto. Aunque episódica y compuesta de partes que pueden ser separadas del todo con cierta autonomía funcional, no deja en ningún momento de tener una coherencia y sentido como obra conjunta o total.

Arriesgaré una suerte de análisis estructural, a riesgo de quedar como un niño idiota que rompe un juguete eléctrico para ver cómo funciona por dentro. Dividiré la novela en sus partes. La enumeración de los episodios es mía. Los que sean susceptibles a la revelación previa de tramas y personajes, tengan a bien postergar la lectura del presente informe hasta hacerse acreedores de un ejemplar del libro. El resto, puede continuar leyendo:

1. Carta de Dizze Mucho a Oidas Mucho, su hermana.

Desde el vamos, queda planteado que Dizze Mucho y su hermana Oidas Mucho son dos personajes singularísimos y extravagantes. El tono de la misiva es profundamente nostálgico y sentimental.

Ambos se han juramentado lectores del Sistema Solar. Quieren saber cuál es la palabra que balbucean los Planetas. Esta inquietud es persistente e intensa.

[En “Las Sirenas de Titán”, Kurt Vonnegut postula ya la idea de que la trayectoria del Planeta Tierra (y toda la historia de su humanidad) es en realidad insignificante, apenas una excusa para revelar un mensaje en clave para civilizaciones extraterrestres].

2. Narración de J.P. Zooey.

Dizze Mucho se suicida y nombra a J.P Zooey albacea literario. Dizze Mucho era su vecino. J.P. Zooey es periodista, aunque no ejerce. Revisando sus cartas y manuscritos personales, quizás J.P. Zooey pueda descubrir o entender la razón o el motivo de suicidio de Dizze Mucho.

3. Documentos de Dizze Mucho.

Aquí se exponen una serie de cuentos muy breves organizados por la represa hidroeléctrica Yacyretá, en la que Dizze Mucho participó como jurado. El cuento que gana el primer premio, ni siquiera es un cuento. Es una ilustración. Dizze Mucho escribe un largo texto explicando los motivos de su veredicto. Se incluye dicho texto.

[La humorada de reemplazar la palabra por imagen en un marco de competencia literaria cuestiona la validez de ambos sistemas de significación y cuestiona, al mismo tiempo, todo sistema valorativo].

4. Carta de Dizze Mucho a Oidas Mucho, su hermana.

Sucesión de comentarios de carácter anecdótico. Dizze Mucho presta particular atención a un grupo subversivo conocido como “Los Humanistas”, responsables de una serie de graffittis que se le antojan significativos.

5. Cuadernos de Dizze Mucho. Historia de las Ideas Menores. Velimir Jlebnikov.

Los cuadernos de Dizze Mucho son una serie de apuntes de investigaciones académicas que rondan en torno a algún personaje destacado por una razón u otra. A lo largo de la novela, se incluyen un total de cinco cuadernos, con sus respectivos personajes. En todos los casos, se trata de personajes extravagantes que rozan lo inverosímil. Curiosamente, tres de esos personajes son, efectivamente, personajes históricos de los que se tiene constancia documentada de su existencia real o posible. El primero es Velimir Jlebnikov. Poeta ruso, futurista y ornitólogo.

No obstante, aunque Velimir Jlebnikov haya existido, la exposición consignada sobre su persona e ideas parecería tratarse de un relato apócrifo. O tal vez no. En realidad, carece de relevancia.

[Respecto a la sucesión de personajes estrambóticos, no puedo dejar de destacar que, al menos formalmente, estos capítulos reescriben una larga tradición literaria que comienza con Vidas Imaginarias, pasa por La Sinagoga de los Iconoclastas y todavía no termina. En todos los casos, no se trata solamente de una exposición de personajes estrambóticos sino que, además, se trata de advertir que no es posible determinar a ciencia cierta cuánto de ficción y cuánto de realidad esconden sus biografías. Luego, las historias y las anécdotas citadas quizás son irreales, pero tal vez podrían no serlo. En la imposibilidad de determinar si los episodios relatados son reales o no es donde la humorada funciona y cautiva].

6. Carta de Dizze Mucho a Oidas Mucho, su hermana.

En esta carta, Dizze Mucho relata una serie de episodios ligados a J.P.Zooey. Lo inquietante es que el lector ha sido puesto ya del lado de J.P Zooey y leer lo que otro dice sobre él (que es casi como leer lo que otro opina sobre nosotros mismos) resulta un juego de voyeurismo recíproco.

Por lo demás, al final de la carta se incluye la constatación de los hechos por parte del propio J.P. Zooey que han sido relatados por Dizze Mucho.

7. Cuaderno de Dizze Mucho. Historia de las Ideas Menores. William Burroughs.

William Burroughs habría investigado una raza prehistórica de gatos que podría haber sido la responsable de expandir el virus del lenguaje en la raza humana. El virus sería de origen extraterrestre.

8. Cuaderno de Dizze Mucho. Historia de las Ideas Menores. Oskar Vogt.

Oskar Vogt fue un físico y neurólogo alemán, interesado de manera particular en identificar el origen del genio. En 1924, fue uno de los neurólogos que investigó el cerebro de Vladimir Lenin.

Se reproducen fragmentos (que oscilan entre lo apócrifo y la sátira) de sus anotaciones personales.

9. Carta de Dizze Mucho a Oidas Mucho, su hermana.

Dizze Mucho descubre la existencia de una zona llamada “El Hoyo”, donde posiblemente se encuentre la respuesta al interrogante que ha ocupado toda su vida sobre el mensaje de los planetas. J.P.Zooey ha estado ya dentro del Hoyo. Se trata de una experiencia extrema, una zona mental a la que solo se llega a través del trance, la hipnosis, meditaciones profundas o alcohol.

Al finalizar la carta, las anotaciones al margen de J.P.Zooey, lo revelan como el verdadero autor de la última parte de la carta. Al parecer, Dizze Mucho estaba demasiado borracho aún y fue J.P. Zooey quien tomó su lugar para finalizar la redacción de la misiva.

10. Cuaderno de Dizze Mucho. Historia de las Ideas Menores. Charles Názer.

[A diferencia de todos los otros personajes retratados, no tengo constancia alguna de que Charles Názer se corresponda con ningún personaje real o ficticio que existiera previamente.]

Charles Názer, cirujano que experimenta por cuenta propia y sin el consentimiento de sus pacientes, con el cuerpo humano. Luego de cobrarse varias víctimas, es apresado por la justicia. El abogado que lo defiende es un erudito ultra conservador que eleva a su acusado a la categoría de artista. Es condenado a la silla eléctrica, pero una investigadora lo reclama para uso científico. Conmutan su pena por el desarrollo de cierto experimento bioinformático sobre su cuerpo y su psique.

11. Cuaderno de Dizze Mucho. Historia de las Ideas Menores. Kilgore Trout.

[Fuera del universo propuesto por la novela, Kilgore Trout es un prolífico y fracasado escritor de Ciencia Ficción, imaginado y concebido por Kurt Vonnegut].

Aquí, se relata como Kilgore Trout habría inmigrado hacia la Argentina, movido por intereses científicos. Es probable que el obelisco tenga un papel fundamental en el origen de la humanidad.

12. Carta de Dizze Mucho a Oidas Mucho, su hermana.

Dizze Mucho relata de primera mano sus experiencias en “El Hoyo”. Confiesa estar al tanto de que J.P. Zooey se hizo pasar por él para finalizar su última carta.

El Hoyo sería el único espacio del universo real o mental libre de electrones. Allí es donde habitan los humanistas, quienes se vuelcan por lo orgánico como el modo más genuino, profundo y real de percepción de la existencia.

13. Narración final de J.P. Zooey.

¿Por qué el tono con el que Dizze Mucho se comunica con su hermana siempre ha sido tan nostálgico? Pues, porque Oidas Mucho en realidad está muerta y Dizze Mucho lo sabe, pero no le importa. Continúa escribiéndole como si estuviera viva, pues quizás lo esté, en alguna otra dimensión o plano de la realidad multiforme.

En la coda final, se incluye la carta de despedida de Dizze Mucho antes de su suicidio. No es una carta llena de tristeza ni de resentimiento. En realidad, es una carta llena de gratitud y melancolía.

Desayuno en Tiffany´s

El resplandor de la juventud y la belleza es un resplandor doloroso y salvaje. Lo cierto es que la juventud se termina y que todos los momentos bellos tienen un tiempo de duración limitado. Más tarde o más temprano, todo se ralentiza o perece. Y sin embargo, la vida es hermosa a pesar de todo. Hermosa y triste. Abrumadoramente triste. Seremos felices en la incierta hora de la juventud y una ráfaga de lucidez nos recordará que no podemos ser jóvenes por siempre. La vida continúa y está bien que así sea. Les juro que está bien.

Joe Bell, el dueño del bar que frecuenta el narrador de esta historia, reaviva los recuerdos compartidos sobre Holly Golightly, la encantadora jovencita que les atravesó el corazón. Joe Bell ha conseguido unas fotos sobre una tribu Africana en la que puede verse una escultura que guarda un parecido sorprendente e increíble con Holly Golightly. Es probable que se trate solo de una coincidencia, aunque no sería imposible que ella haya estado ahí, en medio de la tribu Africana.

A partir de esta experiencia, el narrador hace un recorrido retrospectivo de sus recuerdos sobre Holly Golightly, quien supo ser su vecina del edificio en el que él todavía vive. Recuerda cuando la conoció. Holly Golightly solía olvidar siempre sus llaves de la puerta de calle y regresar tardísimo y molestar a un vecino para que le abriera. La víctima solía ser Yunioshi, un fotógrafo japonés en ascenso profesional. Luego, sería el mismo narrador el que tendría que hacerse cargo de abrirle, cada vez que olvide sus llaves.

No le molestaba ser despertado por ella. Por entonces, tenía pretensiones de convertirse en escritor y llevaba una vida solitaria. Su compañía le reconforta de una manera indescriptible. En una oportunidad, ella se queda en su departamento. Conversan. Él le lee uno de sus cuentos. Ella lo encuentra aburrido. Le habla sobre su propia vida, particularmente inusual. Suele visitar a Sally Tomatoe, un anciano de dudosa reputación, en la cárcel. Lo hace a cambio de dinero que le proporciona su abogado.

En alguna otra ocasión, él la visita en el departamento de ella, donde conoce a O.J. Berman, su representante. Ella es actriz. Una figura conocida del mundillo del espectáculo. Su carrera podría ser exitosa, pero su principal obstáculo es ella misma. Demasiado alocada, despreocupada, infantil, caprichosa. O.J. Berman le habla sobre Trawler, el hombre de su vida. Trawler es un niño rico malcriado y millonario. Ella lo presenta como un gran escritor e incluso intenta conseguirle algún trabajo, gracias a su influencia.

Cuando ella le habla sobre sus fantasías escapistas de bienestar, su discurso es de una frivolidad desesperante. Ella admite sentirse en paz únicamente en la joyería Tiffany. Su discurso, que es evidentemente frívolo, es también profundo y melancólico de una manera indefinible. Mag Wildwood es otro personaje extravagante de la extravagante fauna que acompaña a Holly Golightly. Mag es demasiado flaca y alta. Es casi fea, pero su personalidad arrebatadora la convierte en una belleza inusual.

Mag Wildwood vivirá un tiempo en casa de Holly Golightly. Una revista se ha interesado en publicar uno de sus cuentos, pero no hay dinero de por medio. A él le parece una buena noticia, pero a Holly Golightly no le parece bien que no le paguen. Poco tiempo después, Holly Golightly toma unas vacaciones junto a sus amigos. Los acompaña José, el novio brasilero de Mag Wildwood. Al regresar, discuten. Dejan de hablar.

Un tipo comienza a seguirlo. Al abordarlo, resulta ser Doc Golightly, veterinario. Se trata del esposo de Holly. Ella los abandonó (a él y a sus hijas). Las hijas son de un matrimonio anterior. Doc era viudo cuando conoció a Holly. Por entonces, ella y Fred (su hermano) eran unos pobres huérfanos desarrapados y muertos de hambre. Doc se hizo cargo de ellos. Holly se casó con él y luego los abandonó.

Doc Golightly lo ha estado siguiendo porque entiende que es mejor ser presentado ante Holly evitando la posibilidad de la sorpresa o el momento inoportuno. Él accede a hacer de intermediario. El reencuentro no es precisamente emotivo, sino mas bien resignado. Luego del episodio, se encuentran para tomar una copa en el bar de Joe Bell. Ella le revela cosas que procura mantener ocultas sobre su pasado.

Poco tiempo después, él se entera por el periódico de la noticia de que Mag Wildwood se ha casado con Trawler. Decide ir a visitar a Holly Golightly y la encuentra en un estado de crisis nerviosa. Él supone que es por la noticia, pero se trata de otra cosa: ha muerto su hermano. En lo que respecta a Mag Wildwood y Trawler, a ella le importa poco. De hecho, poco tiempo después acaba noviando con José.

Por aquél entonces, la vida personal del narrador de esta historia es un desastre. No tiene amigos, no es publicado. No tiene empleo. Holly Golightly tal vez está embarazada y él nunca le ha declarado su amor. Se reencuentran y ella le habla sobre la posibilidad de irse a vivir con José, a Brasil. Él se siente fatal. Entonces ocurre un episodio un tanto accidentado mientras cabalgan a caballo. No parece ser serio. Él esta celoso, dolido. Le declara vanamente su amor.

El mafioso Sally Tomatoe ha estado utilizando a Holly Golightly como pantalla para encubrir un diálogo en clave que mantiene con su abogado. Se trata de un asunto relacionado con el narcotráfico. La policía descubre el engaño y Holly Golightly es puesta tras las rejas. Al tratarse de una personalidad del mundo del espectáculo, se desata cierto escándalo.

Junto a Joe Bell, intentan ayudarla pero los que se supone que son sus amigos, le dan la espalda. O.J. Berman se comporta como es debido y contrata a un abogado. El asunto no parece grave. Probablemente salga bajo fianza de un momento a otro. Al desatarse el escándalo, José ha huido cobardemente. Le ha dejado una nota de despedida, brutalmente sincera. El accidente con los caballos ha hecho que Holly Golightly pierda el embarazo. Cuando le den de alta en el hospital, ha decidido marcharse. Viajar a Sudamérica.

Él la ayuda con el equipaje. Ella se deshace de su gato. (Lo abandona en un callejón). Camino al aeropuerto, se arrepiente de haber abandonado al gato y le pide que lo busque y lo cuide en su lugar. Él le promete que así lo hará. Ella se marcha y ya nunca más la vuelve a ver. Alguna vez recibió una postal de ella desde Buenos Aires. Él ha cumplido su promesa y se ha hecho cargo del gato. Espera que Holly Golightly esté bien y que también haya encontrado un hogar, donde sea que se encuentre.

Hiroshima

Más allá de todos los discursos políticos de todas las idiosincrasias posibles. Más allá de la violencia y de su justificación o su azar determinante. Más allá de las palabras o a pesar de ellas. Sentimos, sufrimos, gozamos, nos indignamos, actuamos o guardamos silencio y escribimos. Narramos historias o dejamos que nos las narren. Escribimos o pensamos a través de una lengua en mutación perpetua y creamos el mundo y nos dejamos crear, a través de las ficciones que se vuelven realidad o viceversa. Y así estamos y vamos por más. Sucesivamente.

Micky, el narrador de esta historia, es un tatuador que, en lugar de escuchar Heavy Metal, prefiere poner John Coltrane o Charles Mingus mientras trabaja. Los punks lo respetan por eso, pero Micky no lo hace para que lo respeten, sino porque lo relaja. Tiene un local propio, que administra con la ayuda de su amigo Jaime.

El mejor amigo de Micky se llama Luciano, aunque le dicen La Rosa. Es un personaje bastante esquivo, aunque se lo suele ver en casa de Franky, donde también vive el Mosca. Todos respetan al Guardián, que en realidad se llama Claudio y es el hermano de Micky.

La noticia que se ha difundido en la radio y el periódico sobre actos de violencia perpetrados por soldados Británicos en un bar argentino en las Islas Canarias, hace ruido. La Rosa piensa que los militares le pegaron a los civiles porque el bar era argentino.

Antes de dedicarse al oficio, Micky pensaba estudiar filosofía. Su hermano lo persuadió de que mejor estudiara Bellas Artes, pensando que luego podría dedicarse a hacer tatuajes. Micky siempre fue bueno dibujando, así que acepta su sugerencia y al poco tiempo abre un local de tatuajes en la Bond Street.

A Mariana, su novia, la conoció en el local, como clienta. Por entonces se tatuó una estrella de cinco puntas en el cuello. Vestía de negro y leía a Nietzsche.

Micky recibe la visita del Cuervo en su local, quien le cuenta que La Rosa lo convenció a él y a un grupo de amigos en común para ir a un local Irlandés a perpetrar actos vandálicos. Quizás como una reacción ante la noticia de la que han estado hablando, sobre los militares británicos que se volvieron contra los civiles, en un bar argentino.

Progresivamente, van sucediéndose otros actos similares y la noticia llega a la televisión. Micky intenta conversar con La Rosa, pero no consigue dar con su paradero. Mariana no quiere que Micky se vea involucrado en ningún problema por culpa de sus amigos. Le aconseja que deje de frecuentarlos.

El asunto de las peleas en los bares se vuelve cada vez más serio. Micky habla con el Cuervo, quien confiesa que, del grupo de amigos en común, ya nadie sigue a La Rosa, quien se ha juntado con otras personas, más temerarias, más salvajes. El Cuervo, no obstante, no sabe mucho. El que sabe es Ricky, un tipo que ha estado preso. Luego, Micky visita a Ricky, quien le dice que atrás del asunto de los bares hay involucrados intereses políticos y le aconseja no meterse.

Pasa algún tiempo. Un día, La Rosa se deja caer en el local de tatuajes. Van a tomar algo. Conversan. La problemática sobrentendida refiere a la utilidad de la violencia con fines altruistas. El asunto es complejo. No discuten, pero tampoco están de acuerdo. Quedan en volver a verse dentro de unos pocos días, en un bar específico, en el centro.

Ese día llega y estalla la violencia en el bar. Micky acaba en el hospital. Le tienen que coser dos puntos en la ceja. Mariana entiende que La Rosa se ha convertido en una mala influencia. Sostiene que Micky confunde los límites de lo que implica la amistad.

Samuel, un guardavidas brasileño cliente del local, le habla a Micky sobre las posibilidades económicas de su trabajo en Brasil. Micky le dará varias vueltas a la idea en su cabeza.

Micky coincide con La Rosa en el gimnasio (un escenario común a todos los personajes, el epicentro fantasma de esta historia). La Rosa insiste en boxear con él. Micky piensa que tal vez La Rosa le guarda rencor por no haberlo secundado en su batalla personal contra los ingleses.

Micky se apunta para hacer un curso de guardavidas. Realiza prácticas de salvataje en la costa. Mariana, militante feminista, viaja a un encuentro en Tucumán. A su regreso, se junta con Micky quien le dice que ha tomado la decisión de ir a probar suerte a Brasil.

La vida en Brasil no se corresponde en nada con lo que había imaginado. Brasil resulta ser un país melancólico, de una tristeza infinita. Pasa algún tiempo y Micky regresa a Bs. As. Nadie sabe qué ha sido de La Rosa. Mariana terminó su carrera y está trabajando en un hospital. Especulan sobre la posibilidad de irse a vivir juntos.

No hay fuegos de artificio al final. Ni giros inesperados, ni grandes revelaciones. Se trata, a fin de cuentas, de un libro de aprendizaje. Personajes que van de un lugar a otro y que, en ese tránsito, se transforman. Ir y volver. Un asunto básico en el que, no obstante, permanece cifrado el meollo de casi toda la literatura, tal como la conocemos.

Sucede que, a fin de cuentas, ir y volver es lo que todos hacemos. Transitar por esta vida con destino incierto.
Diciembre 2010

Diciembre 2010

Queridos internautas, no lloren. Ustedes sabían que, en algun momento, esto iba a suceder. Todo lo que empieza, debe terminar. Así es la vida.

Tengo mis razones, pero es cosa sabida que el humanoide no gusta de utilizar el don de la palabra para expresar enojo. Si no tienes nada bueno para decir, lo mejor es no decir nada.

Además, como los más cercanos saben, el humanoide ha dejado de ser librero y esa me parece una razón bastante importante como para desistir del blog, entre otras razones que prefiero no expresar.

Agradezco de corazón a todos los lectores, escritores, amigos y conocidos que dejaron comentarios o se pusieron en contacto de una manera u otra. Ustedes (y solamente ustedes) hicieron que valiera la pena el esfuerzo.

Por lo demás, es bueno recordar que el humanoide no ha escrito ni una sola línea para vanagloriarse de sus lecturas o cosa parecida. El único móvil ha sido siempre el de abrir un espacio para una discusión posible. Algunas veces hemos tenido suerte y muchas otras no. Espero que solo los mejores momentos sean recordados.

Todo lo que ha sido publicado hasta ahora, queda disponible para ser consultado en lo sucesivo. Todas las preguntas, dudas o comentarios que quieran hacer, serán atendidas, escuchadas, respondidas.

Les pido perdón por las molestias ocasionadas, pero simplemente no puedo continuar con este blog. La verdad es que ya no me hace feliz. Ya no me divierte. Y si no me divierte a mí, menos puedo pretender que les divierta a ustedes. Así que así estamos. Espero que les haya gustado y espero que todavía lo sigan consultando, en retrospectiva.

No queda totalmente excluida la posibilidad de volver, en el futuro. Si lo desean, pueden entender esto como unas vacaciones por tiempo indeterminado.

Los quiero mucho. Les mando un abrazo galáctico y eterno.
Bigmouth strikes again

Bigmouth strikes again

Escribir no sirve para nada. Hablar tampoco. Pensar tampoco. Cualquiera puede mirar en retrospectiva la historia de la humanidad y podrá corroborarlo por sí mismo. Aunque es cierto, como queda demostrado por Wilcock (al contar la historia de Klaus Nachtknecht) que no todo lo que se descubre debe necesariamente servir para algo. Ni que decir tengo que en lo que a mí respecta, mis discutibles hallazgos literarios no me han servido absolutamente para nada. No conseguí dinero, reconocimiento, amistades, contactos, fama, aplausos, absolutamente nada.


En su lugar, me han robado ideas, me han plagiado, se han servido de mí sin pedir permiso. Lo cual podría ser halagador de alguna manera, pero que en realidad no me ha hecho ninguna gracia, toda vez que quienes lo han hecho son los que se llevan el reconocimiento masivo y los aplausos, dejándome en este sitio tibio en el que me encuentro. Aunque ustedes no lo crean, hay un puñado de personas que han conseguido mucho a partir de sus experiencias en el mundo Blogger. Incluso han conseguido trabajos bien remunerados en medios culturales masivos. Es cierto que se trata de una minoría de personas con suerte, pero esa minoría existe. Desafortunadamente, yo no pertenezco a ella. A decir verdad, apenas pude conseguir que me leyeran mis amigos personales, después de insistirles para que lo hicieran. Es una sensación muy extraña ver las ideas de uno, que es un don nadie, repetidas en boca de personajillos con cierta masividad, pero no quiero utilizar esta plataforma para ponerme a denunciar a nadie ni a nada. He descubierto que simplemente ya no me importa.


No voy a negar que me haría feliz, oh, tan feliz, pertenecer a esa cofradía de periodistas culturales o literatos de tres al cuarto que han sabido burlar al sistema para todavía vivir en los barrios caros. Yo sé que me encantaría poder asegurarme aunque sea un rinconcito en ese mundo histérico. Pero no tengo nada y nunca he tenido nada y así es la cosa. Toda la vida he sido pobre, he vivido en los suburbios, he tenido que soportar la arquitectura horrorosa del conurbano y el tufo insoportable de las fábricas de sebo.

Tengo para mí este deseo de escribir, quién sabe para quién y quién sabe con qué destino…


Luego, ya no me importa nada. En serio. Ni siquiera le encuentro sentido al resentimiento que alguna vez tuve. Confieso que el orden que supuse preexistente al mundo hace rato que se ha resquebrajado.


Quizás fui perspicaz en muchas cosas, pero también fui muy ingenuo en otras. La realidad es que nadie lee nada y que a nadie le importa un pimiento absolutamente nada. Ni de lo que se escribe aquí, ni de ninguna cosa. Da igual lo que unos pocos digan en la radio o en los suplementos de cultura. Da igual lo que un puñado opine sobre esto o sobre lo otro… el mundo es mucho más amplio, mucho más de lo que nuestros ojos alcanzan a ver. Hay otro mundo más allá del suburbio y hay otro mundo más allá de las capitales… incluso hay otro mundo más allá de todos los horizontes existentes, posibles e imposibles.


Así que… ¿qué más da?


El desafío es no acumular rencor. Aceptar las cosas tal como son. Y resistir todavía.


Bienvenidos al blog del librero humanoide, nuevamente.

El gran Gatsby

Nick Carraway, el narrador de esta historia, es un muchacho que proviene de una familia de cierta alcurnia, pero que está tratando de abrirse camino por su propia cuenta. Se ha criado en el Oeste, de donde también proviene toda su familia. Ahora se ha mudado a West Egg (al Este). Su intención es progresar en las finanzas, invertir en la Bolsa. Se alquila una casa más bien discreta que está junto a la mansión de Gatsby, su esquivo y millonario vecino.

A poco de instalarse, Nick resuelve visitar a Daisy, una prima suya. Se queda a cenar. Daisy está casada con Tom, un tipo algo rudo, que proviene de una familia de la alta sociedad, de larga tradición. Tienen una hija pequeña. Viven cómodamente. En la velada, también está presente Jordan Baker, amiga de la familia y famosa deportista. Todo transcurre sin sobresaltos hasta que, en algún momento, llaman por teléfono a Tom y, tras excusarse y ausentarse por unos minutos, comienza a desplegarse cierta tensión en el ambiente. Poco después también se ausenta Daisy. Una vez que quedan a solas, Jordan le confiesa a Nick que Tom acaba de recibir un llamado de su amante. Daisy se ha dado cuenta y se ha ofendido. Nick nunca ha sido muy unido a su prima. La situación es embarazosa. Al hablar a solas con ella, la encuentra ciertamente amargada y deprimida.

Poco después, Nick se encuentra por azar con Tom, quien le pide que lo acompañe a visitar a su amante. Nick, pese a lo patético que pueda resultarle la situación, lo complace. Su amante se llama Myrtle Wilson y es la esposa del mecánico. Una vez que están los tres reunidos, tanto Myrtle como Tom insisten en que Nick los acompañe por lo que resta de la tarde. Así lo hace. Más tarde también compartirá su tiempo con Catherine, la hermana de Myrtle y con los Mc Kee, amigos en común. La velada, atravesada por el alcohol, acaba mal, con una pelea entre Myrtle y Tom de por medio.

Gatsby suele dar fiestas sofisticadas y pomposas. Nick suele escuchar el ruido que proviene de ellas, hasta altas horas de la noche. En algún momento, el propio mayordomo de Gatsby invita de manera personal a Nick, quien decide asistir. Al principio, Nick está medio desorientado, pero vislumbra entre la multitud a Jordan Baker y pasa una noche agradable en su compañía. La mayoría de la gente que asiste a las fiestas de Gatsby ni siquiera sabe quién es Gatsby. Sus fiestas son un punto de encuentro o reunión para los jovenes de la alta sociedad. Los rumores sobre Gatsby son muchos y extravagantes. Lo cierto es que no tiene pareja estable, que nadie conoce su pasado y que sus fiestas, atravesadas por el lujo, el alcohol y el jazz, resultan excitantes y prometedoras.

No obstante, el lujo también funciona como persuasión de una verdad oculta que puede ser siniestra. Un accidente automovilístico ocurrido en las postrimerías de la fiesta, sirve de clausura y alegoría de la decadencia latente. Nick, formado en otra naturaleza de caracter, espera alejarse de Gatsby y el mundo que lo rodea. Espera interpretar todo lo sucedido como un episodio marginal y concentrarse en sus negocios y ocupaciones y así lo hace durante algún tiempo.

El cariño cosechado por Jordan Baker y el entusiasmo que le causa su posible compañía, precipitan una reincidencia en el mundo de la alta sociedad, del que pretende mantenerse al margen. Luego, Gatsby invita a comer a Nick y, poco a poco, todo vuelve a comenzar. En un bar, es presentado ante Mr. Wolfsheim, un magnate del mundo de los negocios que, pese a su amabilidad y la simpatía que es capaz de generar, la buena moral no puede evitar condenarlo, tras saber de sus actividades ilícitas.

Gatsby está al tanto de la relación de parentesco que existe entre Daisy y Nick y por eso le pide que le haga el inmenso favor de invitarla a tomar el té, mientras él está presente. Gatsby habría conocido a Daisy años atrás y se habría enamorado perdidamente de ella, mas luego perdió su rastro hasta ahora. Quiere que el reencuentro sea especial. Nick acepta hacer de intermediario.

Sin proponérselo de manera especial, pero atraído por las circunstancias, Nick asiste nuevamente a una de las fiestas de Gatsby. Tom, receloso de su esposa, ha decidido asistir. El ambiente de la fiesta es opresivo. De alguna manera implícita, se hace evidente la rivalidad contenida entre Tom y Gatsby. Rivalidad que estallará luego, en lo que comienza siendo una reunión entre amigos, en un atardecer particularmente caluroso, cuando deciden pasear por la ciudad en sus lujosos coches.

La idea de viajar a la ciudad es de Daisy. El plan era alquilar una habitación de hotel y beber. Tratar de soportar el calor entre el alcohol, el lujo y los amigos, pero al estallar la bronca entre Tom y Gatsby, el plan se frustra y, en el camino de regreso, ocurre un nuevo y desafortunado accidente automovilístico que acaba, por desgracia, con la vida de Myrtle Wilson. En el coche, iban Gatsby y Daisy quienes, luego del accidente, tienen la pésima idea de darse a la fuga.

El vengativo e irascible esposo de Myrtle decide hacer justicia por mano propia. Con la reconstrucción de los hechos aportados por un vecino, testigo del accidente, decide rastrear el coche del culpable. No tarda demasiado tiempo en descubrir que el coche pertenece a Gatsby. Apenas se presenta su oportunidad, le dispara a sangre fría, hasta matarlo. Luego, se suicida.

El funeral de Gatsby es poco concurrido. Todos sus viejos amigos, todos los que poblaban su casa en vísperas de fiesta, todos brillan por su ausencia. El padre de Gatsby, hasta ahora negado y oculto, hace acto de presencia. Nick intentó convencer a los amigos más íntimos, pero todos le dan la espalda. Algún tiempo después, Nick se encuentra con Tom quien todavía piensa que Gatsby se merecía su destino. Lo que Tom no sabe es que aquella tarde no estaba Gatsby al volante, sino Daisy.

El oficinista

El protagonista suele quedarse hasta tarde haciendo horas extras en la oficina y aunque no lo disfruta, tampoco parece molestarle. Trabajar lo mantiene ocupado y las horas extras retrasan el fatídico momento de volver al hogar, donde lo espera una esposa despótica a la que ya no ama y unos hijos maleducados y revoltosos por los que no siente ningún cariño (excepto por uno de ellos, el que más se le parece, y a quien, cariñosamente, llama “viejito”).

Una noche, cuando ya no queda nadie en la oficina, descubre la presencia de la secretaria del jefe. Al principio no la reconoce y supone que es algún polizonte. Su primera reacción es defensiva, pero al descubrir su error, pide disculpas y se ofrece a acompañarla en taxi hasta su casa, argumentando que la calle puede ser peligrosa para ella, a esas horas de la noche. Ella acepta y cuando llegan a destino, lo invita a pasar a su casa, a tomar un café.

Una cosa lleva a la otra y acaban acostándose. Ella es soltera aunque confiesa tener un affaire con el jefe. La declaración lo toma por sorpresa pues, a su juicio, el jefe es una persona horrenda. Al regresa a su casa, no puede dejar de pensar en ella. Supone que el jefe debe haberla engañado con falsas promesas. La experiencia con la secretaria lo trastorna. Se abandona a fantasías escapistas. Tal vez se ha enamorado, aunque presiente que para ella solo ha sido una noche de sexo. La posibilidad lo perturba. Cuando ella se queda a solas en el despacho del jefe, lo mortifica imaginar lo que puede estar sucediendo dentro.

La relación del oficinista con su jefe siempre ha sido buena. El oficinista siempre ha sido cumplidor, trabajador, responsable. Amigos no tiene, aunque luego del episodio con la secretaria del jefe, su manera de relacionarse con el mundo cambia. En algún momento, abre su corazón ante un compañero de oficina, aunque luego se arrepiente. La sociedad enseña que es mejor no confiar en nadie. Todos sospechan de todos y todos son potencialmente culpables (aunque no se sepa de qué). Las acusaciones y las investigaciones son promovidas y celebradas por el poder imperante.

La delincuencia y la pobreza han tomado las calles. Los grupos terroristas y los subversivos son una amenaza constante. Las jornadas laborales son extenuantes y siniestras y los asalariados son, en realidad, los que se han salvado. Aunque la crisis permanente, los atentados y la lluvia ácida pueden acabar con la vida de cualquiera, en cualquier instante. El presente implica sobrevivir. El futuro es desolador y apocalíptico.

Lo que resta es una historia, virtuosamente narrada, que plantea el dilema sobre la posibilidad del amor. Se trata de una novela prodigiosa que, entre otras virtudes, posee el atractivo de estructurar su argumento con la velocidad característica de una novela de suspense o un thriller, cuando todo lo que cuenta es, en realidad, más simple de lo que parece. En realidad es casi un drama cotidiano. Una novela muy cinematográfica que, no obstante, dificilmente podría funcionar en la pantalla grande. Si fuera una película, sería una película insostenible, destinada a salas de cine subterráneas y a un público secreto.

De alguna manera, lo mismo da si voluntariamente o por casualidad, recupera la imaginería y los paisajes de películas como Brazil (Terry Gilliam) o Delicatessen (Pierre Jeunet), pero también remite a las distopías de Ballard y Orwell, al cinismo de Houellebecq, a la atmósfera sobrenatural y pesadillezca de Lovecraft, al psicologismo de Dostoievsky, a los laberintos de Kafka. Los caminos que transita son conocidos pero no por ello menos efectivos y funcionales.

Es una novela rabiosa, sangrienta, oscura y también poética y simbólica. Diría ingrávida. Una abstracción que oscila entre el sueño y la pesadilla, entre la ciencia ficción y el naturalismo visceral. Heredera de cierta tradición Europea aunque definitivamente Latinoamericana. Todo luce como deformado a través de un prisma extraño. Todo luce sobrenatural y sofocante. Transcurre en ningún lugar y en un tiempo impreciso pero también transcurre en el mundo cotidiano y en el momento presente.

La angustia y la deseperación recorren cada una de sus páginas desde la primera línea. Se trata de una novela pesimista y alucinada sobre un mundo irreal que se parece demasiado al nuestro. Frases cortas, capítulos cortos. Tensión narrativa que avanza a un ritmo de vértigo, aunque al final ya no importa hacia dónde. Lo que importa es precipitarse hacia el final. Una alegoría de la degradación, la humillación y el sometimiento, donde las fantasías escapistas son tan denigrantes como la realidad cotidiana.

Una fábula sin moraleja que corta el aliento y deslumbra.
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