Emilio Gauna se afeita en la peluquería de Massantonio, quien le insiste en apostar a Meteórico, un caballo de carreras. Emilio Gauna apuesta el poco dinero que tiene disponible y el caballo resulta ganador. Con el premio, Gauna invita a su grupo de amigos a celebrar a lo grande los festejos de carnaval. Entre todos, resuelven invitar al respetado Doctor Valerga. La diferencia de edad entre Valerga y su grupo habitual de amigos es notable. No obstante, el Doctor Valerga suele mezclarse con los muchachos, en calidad de maestro y modelo.
Gauna siente el compromiso de invitar a Massantonio, que no parece muy interesado en el asunto, pero que tampoco quiere declinar la invitación. Desafortunadamente, Larsen, el mejor amigo de Emilio Gauna, cae enfermo la misma noche en que deciden embarcarse en la aventura de los festejos de carnaval. Una vez conformado el grupo, dan comienzo a lo que pretende, y resulta ser, una celebración napoleónica. De corso en corso, recorren los barrios porteños. Los recuerdos se confunden, atravesados por el alcohol y el jolgorio general.
Al amanecer de la tercera noche, Gauna tiene reminiscencias de un suceso importante, pero no recuerda nada con precisión. Conserva un recuerdo confuso de una muchacha, escondida detrás de una máscara. Gauna ha sido encontrado en un bosque y le han dado cobijo unas personas que le resultan del todo desconocidas. Aunque la aventura ha sido vaga y confusa, Gauna siente que se ha operado un genuino cambio dentro suyo. Luego, la vida cotidiana se restablece sin alteraciones perceptibles.
Gauna distribuye su tiempo entre su trabajo en el taller de Lambruschini y las reuniones con los amigos, casi siempre en los mismos cafés. Con la esperanza de escuchar algún comentario sobre lo sucedido en la tercera noche de carnaval, Gauna visita al peluquero. Inexplicablemente, el peluquero le evita. Luego se entera de su desaparición. Pracánico, el nuevo peluquero, le confiesa que Massantonio habría escapado de la posible amenaza de un joven en el que Gauna, sorprendido, se reconoce.
Una tarde, con cierta desconfianza y escepticismo, pero vencidos por la curiosidad, Gauna y sus amigos visitan a Taboada, el brujo del barrio. La experiencia es inquietante. Aunque nadie admite creer en lo sobrenatural, lo cierto es que Taboada no parece un farsante. Taboada, al hablar con Gauna, alude a los festejos del carnaval. Gauna entiende que esa noche ha ocurrido algo importante y siente el anhelo, la ansiedad, de recordar con precisión los pasajes oscuros, pero no lo consigue por sus propios medios y sus amigos prefieren evitar el tema.
El sábado, en la panadería, Gauna se encuentra casualmente con Clara, la hija del Brujo Taboada. Conversan brevemente y deciden encontrarse esa misma tarde para ir al cine. Clara es actriz. Está ensayando una obra de Ibsen con su grupo de teatro. Invita a Gauna a asistir al ensayo. Gauna acepta. Con algo de asombro y cierta curiosidad, Gauna descubre el mundo del teatro y sus personajes estrafalarios, tras bambalinas. A partir de entonces, Gauna y Clara comienzan a salir, habituándose el uno al otro.
Un día Clara cancela su cita con Gauna, excusándose por la visita de una tía suya. Gauna decide ir solo al cine y luego cena con Larsen. Al otro día, Clara y Gauna se encuentran en el ensayo de la obra. Entonces Clara le confiesa que es mentira que ha salido con su tía. En realidad, Clara ha salido con un periodista de teatro. No obstante, se siente arrepentida y jura que nunca más volverá a ver al periodista. Desconcertado, Gauna huye del ensayo. Siente una mezcla de odio, deseo de venganza, traición y despecho. Deambula sin rumbo por la ciudad trasnochada.
Luego, evita sistemáticamente encontrarse con Clara. Ha decidido olvidarla. En algún momento, Lambruschini convida a sus empleados a pasar un día de campo, a casa de un pariente de su señora. Todos se muestran conformes con la invitación y se realizan rápidamente todos los preparativos. Cuando el viaje tiene lugar, Gauna descubre que Clara también ha sido invitada, en calidad de amiga de la señora de Lambruschini. Al principio Gauna acepta con resignación aquella coincidencia y luego con sincera alegría. La relación entre Gauna y Clara encuentra el tono justo y al fin acaban entendiéndose.
Desde entonces, ambos se enamoran el uno del otro, con sinceridad, entrega y alegría. Aunque Gauna atraviesa momentos de resquemor, pues sabe que su vida ya no puede permanecer invariable. Percibe que su relación con Clara modifica inevitablemente su vida de soltero y la relación con sus amigos y eso le produce algunas insatisfacciones y momentos de angustia, pero esos momentos no son lo suficientemente persistentes como para amargar su relación con Clara que, poco a poco, se solidifica cada vez más.
El padre de Clara decide regalarles su casa. La única propiedad que tiene. Todo su legado en el mundo. Gauna tendrá que hacerse cargo de la hipoteca. Gauna y Clara se casan. Se van a vivir juntos. Podría decirse que Gauna ha sentado cabeza, aunque nunca ha dejado de pensar en los carnavales. En aquella misteriosa noche y en aquella misteriosa mujer. Mientras tanto, el padre de Clara se enferma y un día muere. En la última conversación que tiene con su hija, Taboada le pide que cuide de Gauna.
Han transcurrido tres años desde que Gauna apostara a Meteórico. Persuadido de la suerte que le ha dado el antiguo peluquero, le pide al nuevo que le recomiende a quién apostar. Pracánico no sabe de caballos, pero un cliente le sugiere un nombre. Gauna confía y acierta nuevamente. Esta vez, incluso, gana todavía más dinero que la anterior. Gauna quiere revivir los sucesos de la víspera. Tal como entonces sucedieron. Rehacer la misma ruta, el mismo recorrido. Tal vez entusiasmado por la posibilidad de recuperar la memoria perdida. Sus amigos le siguen la corriente, pero el grupo no puede ser exactamente el mismo, pues han perdido el rastro de Massantonio.
La idea de revivir los acontecimientos tal vez no es acertada. Quizás los sucesos son, a fin de cuentas, irrepetibles. El tiempo ha pasado y Gauna ya no es el mismo y tampoco sus compañeros. Le duele comprobar que ya no siente la misma afinidad con Valerga. El entusiasmo de Gauna se pierde y se renueva de a ratos. Obedeciendo a un impulso que lo desborda, Gauna insiste con su itinerario. En algún momento, descansan en casa de un conocido de Valerga. Gauna tiene un extraño sueño en el que presencia una partida de cartas, entre héroes mitológicos.
La tercera noche, Gauna y sus amigos terminan en el Armenonville. Un salón de baile en el que, por fin, Gauna encuentra lo que ha estado buscando. Entre la muchedumbre, reconoce a la mujer de la máscara. La mujer que le ha obsesionado durante todos estos años. Consigue entrevistarse con ella y descubre que aquella mujer no es otra que Clara. Su esposa. Aunque ambos dan señales de haberse reconocido mutuamente, ninguno hace una alusión explícita. Luego, entre el alboroto y el baile, ambos se pierden de vista.
Clara observa cómo Gauna abandona el salón, rumbo al bosque. Aterrada, le pide a su compañero (quien la ha llevado hasta allí, y le ha hecho compañía esa noche) que le ayude a buscarle. Le explica que ese muchacho es su esposo y que, por lo que ella entiende, está reviviendo los acontecimientos tal como ocurrieron hace tres años atrás, cuando le conoció. Clara supone que lo que Gauna no sabe es que el destino previsto para aquella noche era su propia muerte. Sin embargo, Gauna sabe lo que le espera y lo acepta con valentía. Incluso se siente feliz, a su manera, pues sabe que, al morir, puede recuperar su destino.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada