un breve comentario sobre los libros que están de moda en el planeta marte

viernes 30 de enero de 2009

La leyenda del Santo Bebedor



El héroe de ésta fábula, Andreas, descansa allí mismo, al lado de los demás vagabundos, a la orilla del Sena. Sin embargo, su fortuna cambiará repentinamente cuando un señor adinerado, por razones que no se revelan, decide prestarle una suma considerable de dinero que podrá restituir cuando le parezca más conveniente, a la Iglesia de Santa Teresa.

Con el dinero, lo primero que hace es irse a beber a un bar. Allí conoce a un tipo que le ofrece un empleo ocasional, que acepta.
Andreas se siente feliz por ésta racha de buena suerte. También se siente responsable por la suma que adeuda. Así que el domingo irá a la Iglesia de Santa Teresa, a devolver el dinero que, de alguna forma, le cayó del cielo.

Sin embargo, el domingo, justo cuando va camino a la iglesia, se encuentra con Caroline, su ex novia. Le parece que está tan bella como siempre. Le invita a comer. Luego al cine. Podría decirse que es un encuentro feliz. Acaban pasando la noche juntos, como en los viejos tiempos. No obstante, a la mañana siguiente Andreas huye antes de que Caroline se despierte y descubre, con horror, que se ha gastado todo el dinero.

Cuando tuvo dinero, compró una billetera usada que recién ahora se acuerda de revisar. Con sorpresa, encuentra dinero dentro. Va a beber a un bar. Allí descubre, en una foto pegada a la pared, a Kaniak, un ex compañero suyo de la época del instituto, hoy convertido en un famoso futbolista. Decide averiguar dónde vive e ir a visitarle.
El encuentro es digno de celebrarse.

Kaniak decide alquilarle una habitación por algunos días e, incluso, le regala unos trajes suyos. Además de invitarle a cenar y a beber.
Andreas entiende que nuevamente está en posición de devolver el dinero a la Iglesia de Santa Teresa.
Aunque, lamentablemente, una vez allí, se encuentra, casualmente, con Woitech, un ex colega suyo de la época en la que trabaja como minero. Así que, en lugar de devolverle el dinero a Santa Teresa, se va de putas con su amigo.

Queda dicho, se trata de una fábula. Todos sabemos que los golpes de suerte no suelen acaecer con tanta frecuencia. Lo mismo da. La intención del relato no es ser creíble, sino transmitir un mensaje, como en una parábola. Pero… ¿cuál sería el mensaje? Pues, no estoy seguro.

Por una parte, tenemos una cuestión con el tema de las oportunidades aprovechadas y perdidas. Con el hecho de sentirse responsable ante uno mismo. La tenacidad que uno pone en sus metas. La, así llamada, redención personal.

Por otra parte, también se habla del honor, del deseo y de la culpa. Pero, sobre todo, me parece que lo fundamental en ésta fábula es pensar lo que implica la revelación de los acontecimientos en su inmediatez.

Es decir, ¿es posible disfrutar del dinero si, en verdad, no nos pertenece? Si así lo creemos, podemos comprar en cuotas tranquilamente e ir muriendo a crédito, parafraseando a Céline. Pero si no lo creemos así… ¿Entonces qué?

¿No es la vida una persecución de un objetivo ciertamente estúpido? ¿No estamos corriendo siempre detrás del espejismo del bienestar material y económico? Y cuando lo consigamos… ¿qué va a pasar, entonces? ¿Lo adivinan? Pues, claro. Entonces ya no tendrá sentido.

¿Entonces la moraleja es que hay que disfrutar de las cosas cuando las tenemos? ¿Incluso cuando no nos pertenecen? ¿Es esta una moraleja hedonista que aboga por la dilapidación y menosprecia el ahorro?

¿Qué opinan ustedes?

domingo 25 de enero de 2009

La muerte de un viajante



“No sé en qué consiste el porvenir, no sé qué es lo que quieren que quiera...”

La vida de cualquier ser humano está llena de momentos felices y momentos amargos. Quien más, quien menos, todos conocemos la felicidad y el dolor. Luego, nos emocionamos ante las, así llamadas, obras de arte que nos recuerdan una cosa u otra. Así somos, fíjense. La mayoría de los días pasan sin que prestemos demasiada atención al asunto. Cada tanto una obra de arte consigue emocionarnos. Incluso cuando para conmovernos necesite recordarnos que vivimos en un error fundamental.
Luego, sería bueno que aprendiésemos alguna lección e hiciéramos algo para que nuestras vidas cambien. Aunque, desafortunadamente, eso no suele suceder.

Básicamente, la obra cuenta la vida de Willy Loman. Un viajante, un vendedor. Un padre de familia. Empleado desde hace años en una misma empresa, que se dedica a recorrer una punta a otra del país representando a su firma. Así ha ido forjando su vida, a duras penas, peleando por llegar a fin de mes con el dinero necesario para pagar las cuotas de todo lo que ha ido comprando. Alimentándose de esperanzas, respecto al futuro de sus chicos.

En un sentido más amplio, la obra no habla sobre la vida de Willy Loman solamente, sino sobre la vida de toda su familia y, a través de ella, se hace, en realidad, una alegoría de toda la sociedad contemporánea.

Pero vayamos por partes: el resto de la familia se compone por la esposa de Willy: Linda. Por sus dos hijos: Harold y Biff y su hermano: Ben.

Linda representa todos los tópicos de una esposa fiel. Ha sido una buena madre y una buena esposa y siempre ha vivido para su esposo y sus hijos, preocupándose únicamente de cuidarles y hacerles tan felices como pueda.

Harold vendría a ser el hijo bueno, el que ha respetado siempre a sus padres, el que lleva una vida más o menos encaminada, aunque su futuro se presente como algo bastante vulgar. Es apuesto y le gusta divertirse con las chicas, aunque, básicamente, siempre ha sido uno más, entre tantos otros.

Biff siempre ha sido un hijo ejemplar y era la promesa de la familia. Aunque no le gustara demasiado estudiar, era simpático y un excelente deportista. Hasta que su vida cambió y ya nunca pudo encontrar su norte.

Ben es un personaje que está siempre presente, aunque apenas intervenga. Se trata del personaje a quien le han ido bien los negocios en la vida, una especie de héroe, de modelo a seguir. Una sombra que planea sobre todos los actos de Willy, recordándole lo que pudo haber sido y no fue.

Entre estos personajes ciertamente canónicos, se establecen diversas relaciones y situaciones cuyo saldo siempre es el mismo: recordarnos la frustración de una vida irrealizada y lo absurdas que pueden llegar a ser las ambiciones de éxito.

Tal vez me estoy yendo por las ramas, pero... ¿qué es lo que se espera de la vida? Vamos, piensen conmigo qué es lo que se supone que se espera de la vida. Qué es lo que los demás esperan de nosotros y qué es lo que uno mismo espera. ¿Cuáles son las ambiciones que nos gobiernan? ¿Qué necesitamos para ser felices? ¿Es la vida, a fin de cuentas, una constante búsqueda de esa felicidad? ¿Vale la pena tanto esfuerzo si, tal vez, estemos viviendo en un error? ¿Lo han pensado alguna vez? ¿Han pensado que, tal vez, estemos poniendo un esfuerzo enorme por una empresa que no vale la pena?

La obra está construida mediante constantes saltos en el tiempo. Ora estamos en el pasado, ora en el presente. Los recuerdos felices y amargos se entremezclan con lo cotidiano. Por una parte, Willy Loman ya es un hombre viejo que se sentiría satisfecho si, cuanto menos, pudiera entenderse con Biff. Aunque pareciera que Biff jamás va entenderse con Willy. Por otra parte, el deseo de Biff es hacer feliz a todos los miembros de su familia, pero entiende que el esfuerzo que ello requiere se opone directamente a sus propias ambiciones y convivir con esa contradicción le desconsuela terriblemente.

Así sucede. Si uno se preocupa por complacer a los que le rodean, corre el riesgo de menospreciar sus propias expectativas y si uno solo se preocupa por sí mismo, corre el riesgo de sentirse un egoísta. Esa es la trampa de la que difícilmente se pueda salir airoso.

Ahora bien, la obra remueve todas éstas reflexiones, que, de alguna manera, están presentes en cualquier persona, al mismo tiempo que nos recuerda que para todos existe un día fatal. Para unos ese día puede estar representado por una cosa y para otros, por otra cosa completamente diferente, pero para todos existe un día terrible que puede determinar el curso de nuestras vidas.

Dependerá de cada uno cómo enfrentarse a ese día, pero una cosa es terriblemente cierta: ese día es inevitable.

Quienes no hayan leído la obra, ni la hayan visto representada, podrán pensar que se trata de un golpe bajo, de un drama terrible. Tal vez estén pensando para qué demonios sirve una obra que nos recuerda cosas que preferimos ignorar.

Pues, misteriosamente, la obra no deja un saldo de malestar, sino de felicidad. ¿Cómo explicarlo? El dolor no es la única forma de adquirir conocimiento, pero es una manera de hacerlo.

Es cierto, la obra es terrible y es brutal. Sin embargo, al terminar uno siente que ha aprendido algo, uno siente que algo importante ha sucedido y eso es fundamental.

Nuestras vidas pueden ser mejores.

miércoles 14 de enero de 2009

Peter Pan



“Todos nosotros hemos estado allí, y aunque no regresemos nunca más, todavía podemos recordar, al oír el murmullo de las olas, al romper sobre la arena…”

La familia Gentil es bastante típica. Los niños, como todos los niños, gustan de jugar y fantasean con aventuras imposibles. Mamá Gentil procura vigilar muy de cerca a sus niños, con el típico celo de madre sobreprotectora.

Y, aunque sepa que gustan de fantasear con Peter Pan, no les da mucho crédito hasta que Peter Pan se olvida su sombra en el cuarto de los niños. Entonces comienza a dudar y llega a la conclusión de que tal vez las fantasías de los niños no sean pura invención. Un tanto preocupada, estima conveniente consultarle a su marido, el señor Gentil, pero no consigue encontrar el momento adecuado.

Una noche en la que sus padres salen a cenar, los niños se quedan solos en la casa e irrumpe en la habitación la figura de Peter Pan, quien convence a Wendy de que todos los niños le acompañen hasta el País de Nunca Jamás, que es un lugar fantástico adonde han ido a parar todos los niños perdidos. Allí, los únicos adultos son los piratas y ellos son sus declarados enemigos.

Afortunadamente, los niños aceptan seguir a Peter Pan quien, con la ayuda de los polvos mágicos proporcionados por Campanita (un hada mágica), salen volando por la ventana.

El viaje tiene unos tintes alucinantes, por no decir alucinógenos. Tanto como la descripción del lugar, la vida y los personajes de aquél extraño lugar.

Todo el tiempo se hace mención al capitán Garfio y, cuando al fin nos encontramos cara a cara con él, descubrimos que es un personaje singularísimo capaz de ejercer un extraño y poderoso magnetismo en los lectores. Incluso el narrador lo sabe y, aunque se trate del malo de la historia, en el fondo es un personaje entrañable. Un tipo educado y culto cuya mayor preocupación es que sus actos sean realizados, siempre, bajo las leyes del buen gusto.

Peter Pan le cortó la mano al Capitán Garfio y se la dio de comer a un cocodrilo cuyo sabor le gustó tanto que, ahora, le persigue adonde sea que vaya, como una pesadilla.

Peter Pan y Garfio resultan paradigmas de dos principios enfrentados que no son tal cosa. Figuras alegóricas de la adultez y la niñez.

Un aspecto fundamental es la figura de Wendy como una madre que no es tal cosa. Y la relación ambigua de envidia y anhelo que sienten los piratas ante los niños perdidos, al enterarse que tienen una madre. En el fondo, todos quieren una madre.

Luego, mucho se ha hablado de Peter Pan como el niño que no quería crecer, aunque, particularmente, lo que me resulta más atractivo de ésta obra es un aspecto poco mencionado. A saber: la remisión a un lugar en el que todos hemos estado, donde, aunque aceche el peligro, no deja de ser un lugar encantador, rodeado de fantasía.

La idea de que es posible volar por medio de la evocación de un recuerdo feliz es una de las mejores invitaciones que me han hecho nunca.

Desde luego, los polvos mágicos de Campanita y toda esa cuestión de volar remite, inevitablemente, al uso de estupefacientes de todo tipo. Los mejores cuentos para chicos son, en el fondo, un tanto degenerados. Aunque también hay una sensibilidad muy linda, poética y sutil.

La idea de que hay otros mundos más felices que el que nos ha tocado vivir y que es posible acceder a ellos es hermosa.

Más aun. La idea de que ya hemos estado ahí y que, si uno consigue hacer memoria, hasta es posible regresar…

¿No es esa una idea genial?

Me encanta éste libro. Definitivamente.

domingo 11 de enero de 2009

Facticio




Hace mucho tiempo, una esfinge aterrorizaba la tierra. Estaba sentada en el cruce de los cuatro rumbos. Era un monstruo que tenía cuatro cabezas, cuatro patas y cuatro colas. Cuando llovía, se alimentaba de lluvia; cuando había viento, se alimentaba de viento; cuando brillaba el sol, se alimentaba de sol. Bien asentada, como eterna, permanecía allí, en el cruce de los cuatro rumbos. Y se había perdido la cuenta de sus víctimas.
Ahora bien, habiéndole propuesto a un tal Combet – inventor del sueño ideal – la elucidación de un enigma difícil, dicho Combet respondió correctamente.
-¿Quién eres tú?- Había interrogado la esfinge.
-Soy – respondió Combet – buscador de eternidad.
El monstruo le planteó, entonces, éste problema:
-¿Quién conoce bien el camino de la eternidad?
-Aquél que conoce el camino de la eternidad- respondió Combet – tiene cuatro cabezas, cuatro patas y cuatro colas.
La esfinge, vencida, se arrojó al mar y dejó de fastidiar a los hombres. En cuanto al vencedor, se cuenta que después de su hazaña, para justificarse ante quienes le hacían el triple reproche de insolencia, paradoja y exorbitancia, les recitó los versos siguientes:

Si le hace falta un clown a su señoría.
Yo soy su clown.
¿Oro para su piscina?
¿Un comandante para sus galeones?
Yo soy orfebre, me aventuro en el océano.
Su vajilla está bien oculta.
Sus razones bien pesadas.
Y soy la golondrina de vuestra Colección.


***


Así comienza ésta deliciosa y sugerente novela absolutamente inexplicable y demencial. Una verdadera joya que me ha quitado el sueño, ciertamente.

La novela cuenta los pormenores de una escuela filosófica-acrobática que pretende enseñar los pormenores del arte del salto, elevado a una cuestión mística.

El líder de ésta secta es un tal Facticio. La historia está narrada a través de Convencido, que oyó hablar por primera vez de ésta singular secta, apodada “los hombres pájaros” luego de asistir a una demostración de salto en largo realizada por su amigo Bebert.

Poco a poco aquellos extraños acróbatas que convierten el acto de saltar en una cuestión filosófica, han ido multiplicándose por doquier. Incluso podría decirse que los acólitos de Facticio pululan como seguidores de una moda. La moda de los hombres pájaros.

Convencido, picado por la curiosidad, se acerca hasta la escuela donde se enseña tan particular doctrina, aunque allí es víctima de un extraño y perturbador episodio que incluye una simulación de asesinato.

Luego de tan penosa experiencia, se dirige a su hotel y, allí, es presa de una experiencia traumática. A saber: un inquilino le juega una broma pesada, llevando el ascensor hasta el subsuelo y arrojando a Convencido allí, luego de lo cual, traba la puerta del ascensor, eliminando la posibilidad de que Convencido lo vuelva a utilizar, para subir. La cosa no pasaría a mayores, sino fuera porque el subsuelo no tiene escaleras y porque en aquél sótano no hay luz.

Especulando con la posibilidad de que aquella incómoda situación se prolongue indefinidamente, comienza a sentir olor a comida. ¿Está en el depósito de una cocina? Más tarde descubrirá que se trata de una fábrica ilegal de morcillas realizadas con sangre de dudosa procedencia. Al sufrir un desmayo, despierta y toda aquella escena pareciera haber sido un sueño. Un mal sueño, aunque las manchas de sangre en su ropa prueben lo contrario.

Finalmente, una cosa lleva a la otra y acaba asistiendo a la fiesta de graduación de su amigo Bebert e, incluso, consigue una entrevista con el propio Facticio, quien le declara algunos pormenores de su doctrina.

Dos escenas completan el cuadro: Un personaje que busca desesperadamente a otro desde hace años y que no puede abandonar su búsqueda porque, si lo hiciera, sentiría que habría perdido todo el tiempo que lleva invertido. Lo cual plantea una curiosa paradoja entre el tiempo perdido y el tiempo recuperado en medio de una espera que se prolonga indefinidamente.

Luego: La discusión entre dos arqueólogos acerca de la procedencia de un cuchillo moderno el cual, según los estudios realizados, parecería tener más de cinco mil años de antigüedad. Discusión que pretende resolverse tras el arbitraje de Convencido. Neófito en el asunto.

Toda la obra está desteñida de absurdo y es como una gran metáfora onírica. Los discursos de Facticio son imperdibles. El salto acrobático entendido como una metáfora de proximidad y comunión con el cosmos. Un disparate alucinante.

El desenlace, inadmisible.

Una novela para volar. Un viaje.

jueves 8 de enero de 2009

Recreaciones



¿Alguna vez sentiste que llegaste a un límite luego del cual ya no hay lugar para sorprenderse? La literatura es así de extraña. Sucede a menudo. El entusiasmo puede parecer un recurso limitado. Sin embargo, créanme, si uno insiste siempre encontrará algún terreno inexplorado. Un lugar, aunque sea mínimo, donde todavía existe el consuelo de la alegría. Aunque sea un consuelo imaginario.

Hete aquí al humanoide, nuestro héroe habitual. Lector infatigable que a veces cree que, después de leer a Hasek, después de leer a Celine, a Musil, ya poco queda, por no decir nada. ¿Lo veis? Ahí está, en el bar de siempre, mesándose su barba. ¿Qué os pasa que estáis inquieto, eh? ¿Qué significa esa sonrisa en vuestro rostro?

Ah, perro. Estás volviendo a sonreír. Eso es lo que sucede. Has vuelto a disfrutar como ya creías que no volverías a disfrutar. Incluso cuando no te haya gustado el desenlace de la novela, bah. Eso es un detalle. No podrías encontrar mayores objeciones. Has quedado encantado. Nuevamente.

La literatura. ¡Qué fenómeno tan extraño!

Por cierto, la novela cuenta las aventuras de cuatro jóvenes de Europa del este, que han sido convocados para el festival del espíritu renaciente. Se trata de cuatro jóvenes poetas, colegas, amigos. Todos personajes de cierta importancia de la escena local bohemia. Los organizadores del festival no han reparado en gastos, si hasta les han brindado un hotel y hasta un guía que los acompañará en su estadía. Aunque estos caballeros, a decir verdad, lo único que les interesa es irse de copas. Y así lo hacen. Cada uno de los personajes está deliciosamente caracterizado. Incluso los personajes secundarios.
Transcurre así: Una descripción del viaje y las circunstancias que cada cual atravesó hasta llegar allí, la ciudad donde transcurre el festival. El reencuentro. La precipitada e inevitable decisión de irse a beber. El cronograma de actividades, el delirio, la borrachera.
La tertulia se prolonga hasta horas absurdas. Mientras tanto, cada cual intenta transmitir algo a los demás que se sabe decisivo, aunque intangible. Ruedan argumentos de libros que no serán escritos, poemas transfigurados por el recuerdo de una memoria alcoholizada. Experiencias únicas, extravagantes, un tanto peligrosas, embriagados por su propio entusiasmo, hasta se creen capaces de burlarse de un mafioso peligroso que ha venido a saludarles.

El guía se ha puesto como una cuba y, luego de que quebrara, lo encierran en el baúl de un coche que reconocen como el del señor Popel, uno de los que ha financiado el festival y con quien han hecho buenas migas.

Aunque las aventuras, apenas comienzan en la trasnoche. A cada personaje le ocurren cosas distintas y el destino de cada uno pareciera decidirse esa misma noche, de las maneras más jocosas.

Ocurre de todo. Intentos de fuga, romances frustrados, impulsos primitivos que afloran, deudas pendientes que renacen, impulsos patrióticos irrefrenables, teorías conspirativas, búsquedas indefinibles, la vanidad de una vida consagrada, el éxtasis del público reconocimiento, la admiración, bah. Situación extraordinaria: una siniestra fiesta de la alta sociedad donde, a pesar del refinamiento de los invitados, se celebran rituales de dudosa moral.
Destinos que se cruzan y, al final, una revelación que no llega.

Una novela soberbia, que destila un humor negrísimo a más no poder. Satírica, desenfada, excepcional, inolvidable. Una mirada nostálgica y conmovedora sobre una época remota. Delirante evocación de los días mejores.

Juventud, divino tesoro.

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domingo 4 de enero de 2009

Amuleto



Desde un punto de vista clásico, podría decirse que la novela comienza con una promesa incumplida. En todo caso, desde la primera línea resulta sugerente.

“Ésta será una historia de terror. Será una historia policíaca, un relato de serie negra y de terror.”

Así, somos introducidos en la narración por medio de una promesa. Aunque, desde un punto de vista clásico, esa promesa no llega a cumplirse. Aunque se trata de una historia de terror, pero en una dimensión metafórica.

Toda la novela se construye a partir del testimonio de vida de Auxilio Lacouture. Podría decirse que toda la novela es como un extenso monólogo. ¿Quién fue Auxilio Lacouture? Pues, ella misma se presenta como la madre de todos los poetas. Se trata de una mujer un tanto singular, que, sin proponérselo, va abriéndose camino entre los intelectuales, artistas y bohemios de la época. Cosechando amigos e historias aquí y allá, atravesadas por el alcohol y por la camaradería.

Ama de llaves de los escritores Pedro Garfias y León Felipe. Vive de la caridad, de las amistades, de trabajos ocasionales. No es estudiante ni profesora, sin embargo, es un personaje habitual de la facultad de filosofía y letras, donde, precisamente, ocurrirá un episodio que vendría a articular toda la novela. A saber: la toma de la facultad por parte de la policía.

La cosa es así: la policía toma la facultad. Milagro, casualmente, estaba en el baño en el momento en el que la toma sucede. Desde allí, advierte la situación y decide esconderse y consigue pasar desapercibida.
Una vez que Auxilio toma conciencia de su situación, decide quedarse allí y esperar (o resistir) sin concebir ni imaginar su futuro.

El suceso en cuestión, bien podría tratarse de un episodio que sirviera como nexo a otros que permitieran continuar desarrollando la trama. Sin embargo, ahí se termina la trama. Aunque la novela recién comienza.

Digamos que todo aquello ha sido un escenario, una plataforma, desde la cual se construye la historia que persigue otros fines ciertamente más inciertos. A saber: la exploración de la conciencia.

En éste caso, se trata de la conciencia de Auxilio, que, desde allí, desde ese baño, sentada en el inodoro, expectante y pendiente de los ruidos a su alrededor, atemorizada y ansiosa, comienza a recordar y a imaginar cosas.

Toda la novela es una exploración de esos recuerdos, de esas ideas, de esas sensaciones que le asaltan a Auxilio.

La experiencia que atraviesa pareciera romper un dique en su imaginación, que comienza a viajar sin límites, explorando el pasado, el presente, el futuro. Todo lo que sucedió y lo que podría haber sucedido. Todo lo que bien podría suceder, lo que sucede. Todo se manifiesta progresivamente.

En esa fiebre, se intercalan historias cotidianas y sobrenaturales. Algunas mucho más felices que otras, todas sugerentes.

Una cosa es indudable: tanto fluir de la conciencia acaba por desplazar el argumento. Al final, la poesía acaba reemplazando a la narrativa y he ahí el mayor logro. El desplazamiento imperceptible, progresivo, encubierto. El reemplazo silencioso de un sistema por otro. Atestiguar esa transformación acaba siendo lo más admirable.

Tomar conciencia de que los límites son imprecisos y que la poesía es, a fin de cuentas, el único lenguaje posible.

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