
El héroe de ésta fábula, Andreas, descansa allí mismo, al lado de los demás vagabundos, a la orilla del Sena. Sin embargo, su fortuna cambiará repentinamente cuando un señor adinerado, por razones que no se revelan, decide prestarle una suma considerable de dinero que podrá restituir cuando le parezca más conveniente, a la Iglesia de Santa Teresa.
Con el dinero, lo primero que hace es irse a beber a un bar. Allí conoce a un tipo que le ofrece un empleo ocasional, que acepta.
Andreas se siente feliz por ésta racha de buena suerte. También se siente responsable por la suma que adeuda. Así que el domingo irá a la Iglesia de Santa Teresa, a devolver el dinero que, de alguna forma, le cayó del cielo.
Sin embargo, el domingo, justo cuando va camino a la iglesia, se encuentra con Caroline, su ex novia. Le parece que está tan bella como siempre. Le invita a comer. Luego al cine. Podría decirse que es un encuentro feliz. Acaban pasando la noche juntos, como en los viejos tiempos. No obstante, a la mañana siguiente Andreas huye antes de que Caroline se despierte y descubre, con horror, que se ha gastado todo el dinero.
Cuando tuvo dinero, compró una billetera usada que recién ahora se acuerda de revisar. Con sorpresa, encuentra dinero dentro. Va a beber a un bar. Allí descubre, en una foto pegada a la pared, a Kaniak, un ex compañero suyo de la época del instituto, hoy convertido en un famoso futbolista. Decide averiguar dónde vive e ir a visitarle.
El encuentro es digno de celebrarse.
Kaniak decide alquilarle una habitación por algunos días e, incluso, le regala unos trajes suyos. Además de invitarle a cenar y a beber.
Andreas entiende que nuevamente está en posición de devolver el dinero a la Iglesia de Santa Teresa.
Aunque, lamentablemente, una vez allí, se encuentra, casualmente, con Woitech, un ex colega suyo de la época en la que trabaja como minero. Así que, en lugar de devolverle el dinero a Santa Teresa, se va de putas con su amigo.
Queda dicho, se trata de una fábula. Todos sabemos que los golpes de suerte no suelen acaecer con tanta frecuencia. Lo mismo da. La intención del relato no es ser creíble, sino transmitir un mensaje, como en una parábola. Pero… ¿cuál sería el mensaje? Pues, no estoy seguro.
Por una parte, tenemos una cuestión con el tema de las oportunidades aprovechadas y perdidas. Con el hecho de sentirse responsable ante uno mismo. La tenacidad que uno pone en sus metas. La, así llamada, redención personal.
Por otra parte, también se habla del honor, del deseo y de la culpa. Pero, sobre todo, me parece que lo fundamental en ésta fábula es pensar lo que implica la revelación de los acontecimientos en su inmediatez.
Es decir, ¿es posible disfrutar del dinero si, en verdad, no nos pertenece? Si así lo creemos, podemos comprar en cuotas tranquilamente e ir muriendo a crédito, parafraseando a Céline. Pero si no lo creemos así… ¿Entonces qué?
¿No es la vida una persecución de un objetivo ciertamente estúpido? ¿No estamos corriendo siempre detrás del espejismo del bienestar material y económico? Y cuando lo consigamos… ¿qué va a pasar, entonces? ¿Lo adivinan? Pues, claro. Entonces ya no tendrá sentido.
¿Entonces la moraleja es que hay que disfrutar de las cosas cuando las tenemos? ¿Incluso cuando no nos pertenecen? ¿Es esta una moraleja hedonista que aboga por la dilapidación y menosprecia el ahorro?
¿Qué opinan ustedes?
Con el dinero, lo primero que hace es irse a beber a un bar. Allí conoce a un tipo que le ofrece un empleo ocasional, que acepta.
Andreas se siente feliz por ésta racha de buena suerte. También se siente responsable por la suma que adeuda. Así que el domingo irá a la Iglesia de Santa Teresa, a devolver el dinero que, de alguna forma, le cayó del cielo.
Sin embargo, el domingo, justo cuando va camino a la iglesia, se encuentra con Caroline, su ex novia. Le parece que está tan bella como siempre. Le invita a comer. Luego al cine. Podría decirse que es un encuentro feliz. Acaban pasando la noche juntos, como en los viejos tiempos. No obstante, a la mañana siguiente Andreas huye antes de que Caroline se despierte y descubre, con horror, que se ha gastado todo el dinero.
Cuando tuvo dinero, compró una billetera usada que recién ahora se acuerda de revisar. Con sorpresa, encuentra dinero dentro. Va a beber a un bar. Allí descubre, en una foto pegada a la pared, a Kaniak, un ex compañero suyo de la época del instituto, hoy convertido en un famoso futbolista. Decide averiguar dónde vive e ir a visitarle.
El encuentro es digno de celebrarse.
Kaniak decide alquilarle una habitación por algunos días e, incluso, le regala unos trajes suyos. Además de invitarle a cenar y a beber.
Andreas entiende que nuevamente está en posición de devolver el dinero a la Iglesia de Santa Teresa.
Aunque, lamentablemente, una vez allí, se encuentra, casualmente, con Woitech, un ex colega suyo de la época en la que trabaja como minero. Así que, en lugar de devolverle el dinero a Santa Teresa, se va de putas con su amigo.
Queda dicho, se trata de una fábula. Todos sabemos que los golpes de suerte no suelen acaecer con tanta frecuencia. Lo mismo da. La intención del relato no es ser creíble, sino transmitir un mensaje, como en una parábola. Pero… ¿cuál sería el mensaje? Pues, no estoy seguro.
Por una parte, tenemos una cuestión con el tema de las oportunidades aprovechadas y perdidas. Con el hecho de sentirse responsable ante uno mismo. La tenacidad que uno pone en sus metas. La, así llamada, redención personal.
Por otra parte, también se habla del honor, del deseo y de la culpa. Pero, sobre todo, me parece que lo fundamental en ésta fábula es pensar lo que implica la revelación de los acontecimientos en su inmediatez.
Es decir, ¿es posible disfrutar del dinero si, en verdad, no nos pertenece? Si así lo creemos, podemos comprar en cuotas tranquilamente e ir muriendo a crédito, parafraseando a Céline. Pero si no lo creemos así… ¿Entonces qué?
¿No es la vida una persecución de un objetivo ciertamente estúpido? ¿No estamos corriendo siempre detrás del espejismo del bienestar material y económico? Y cuando lo consigamos… ¿qué va a pasar, entonces? ¿Lo adivinan? Pues, claro. Entonces ya no tendrá sentido.
¿Entonces la moraleja es que hay que disfrutar de las cosas cuando las tenemos? ¿Incluso cuando no nos pertenecen? ¿Es esta una moraleja hedonista que aboga por la dilapidación y menosprecia el ahorro?
¿Qué opinan ustedes?



