un breve comentario sobre los libros que están de moda en el planeta marte

jueves 30 de octubre de 2008

Toda la vida



Si nunca sentiste hablar del autor, no serías el primero. La verdad es que, hasta ahora, no ha sido recordado más que por unos pocos, y, más que otra cosa, por deferencia hacia Giorgio de Chirico, ya que se trata de su hermano. Podría pensarse que ya es suficiente con eso, sino fuera porque existen unos méritos propios del autor, más allá de esa circunstancia fortuita.

Lamentablemente, todavía quedan lectores perezosos que consideran al cuento como un género menor. Craso error. Al menos cuando se trata de autores de primerísima categoría, como el amigo Savinio.

Los cuentos reunidos en “Toda la vida” no tienen desperdicio. Sciascia ha dicho del autor que se trata de uno de los mejores escritores italianos de su época, admirado por Apollinaire, proclamado precursor del surrealismo por Bretón. Lo cierto es que ha sabido desarrollar un estilo propio que combina el humor, el surrealismo, el realismo mágico y la introspección psicológica de una manera única.

Sería demasiado extenso dar cuenta de todos sus cuentos, pero particularmente quiero comentar acerca de dos de ellos, que son los que más me han gustado.

Uno se titula “el compañero de viaje” y es una historia de trenes. Ya desde el vamos me encantan las historias de trenes… El protagonista mira el paisaje por la ventanilla y piensa en esas cosas que uno piensa cuando mira por la ventanilla de un viaje largo, es decir, en todo y en nada… hasta que sucede una situación entre un pasajero y él que se resuelve de una manera desafortunada. Entonces nuestro protagonista, humillado por la grosería del pasajero, toma la sencilla resolución de asesinarlo. Así, como quien no quiere la cosa, se las ingenia para tirarlo por la ventanilla del tren en movimiento, sin perder la compostura. Aunque no será suficiente para descansar en paz, ya que del asiento vacío comienza poco a poco a resurgir, nuevamente, el mismo odioso pasajero. Y lo que es peor, aunque volviera a darle muerte, volvería a nacer de sus cenizas, sencillamente porque el otro pasajero, es él mismo.

El otro cuento se titula “Poltrona del amor”. Al principio, el protagonista despierta y no sabe dónde está. Luego estira la mano buscando a su esposa y entonces comienza a recordar. Su esposa está muerta y él está solo en la casa. Todavía sin distinguir del todo la vigilia del sueño, le parece que escucha voces. Efectivamente, escucha voces. Son los muebles de la casa que dialogan entre ellos. ¿Es cierto lo que está escuchando? ¿Son ciertas las historias que comienza a contar el sillón, acerca de las numerosas aventuras amorosas de la difunta? Incrédulo al principio, lleno de ira después, el protagonista intenta descargar su furia contra los muebles. Al día siguiente, la policía encuentra al protagonista muerto encerrado en su propia casa. No queda claro el móvil del crimen.

También podría mencionarles el de la señora que se compra un piano que tiene hijos (pianitos chiquitos) o el del soldado que planea quedarse con la esposa de su compañero muerto en combate, pero hecha a perder su plan por un descuido o la historia de un matrimonio desafortunado donde el esposo confunde a un mueble con su propia madre.
En fin, se trata de una colección de historias que mezclan lo fantástico de una manera poética alucinatoria sensible.

Un hallazgo.

domingo 26 de octubre de 2008

Altazor



Quizás el nombre de Vicente Huidobro no te suena. Quizás escuchaste a otros autores hablar maravillas de él, aunque nunca tuviste ocasión de leerlo. Lo peor que te pudo haber pasado, es que tengas que haberlo leído obligadamente, ya que suele estudiárselo en la escuela secundaria y en las carreras de letras. Tal vez no. Tal vez ya sabes de quién se trata, si hasta es como un amigo tuyo. A lo mejor, incluso, te parece una obviedad hablar sobre el valor de Altazor.

Bueno, tanto si una cosa como la otra, nunca viene mal decirlo. Y si ya lo sabés, volver a escucharlo. Vicente Huidobro es un escritor extraordinario. Famoso por haber divulgado aquellas teorías pretenciosas y geniales sobre “el creacionismo”. Movimiento emparentado y enfrentado a la vez con el surrealismo. Cuyos detractores y defensores formaban, a fin de cuentas, una gran familia.

El creacionismo pretendió desvincular a la poesía del lenguaje y hallar su sentido y fin en sí misma. Aunque Huidobro sea siempre recordado por la invención del creacionismo, su poema más famoso es, paradójicamente, su último estertor. Luego de Altazor, Huidobro no regresará a él.

En realidad, arriesgaría a decir que luego de Altazor, ya no hay ningún sistema posible. Se trata de una obra tan radical que luego de ella ya no es posible aplicar ningún criterio para definirla o descifrarla. A menos hasta ahora. Quizás en el futuro, en la medida en que la semiótica continúe sorprendiéndonos, existan palabras para explicar debidamente este singular texto. Por ahora, se trata de un montón de hipótesis o, como dice René da Costa en su libro “Vicente Huidobro – Poesía y poética (1911 – 1948)”, se trata de una obra en progresión discontinua, repentinamente conclusa, congelada como “obra abierta” (…) Un alarde verbal que, en la lectura, se convierte en un happening lingüístico.

A decir verdad, la obra es para estudiarla con lupa, pero a grandes rasgos, podemos decir que se compone de siete fragmentos, cada uno de los cuales va dejando huellas de una progresiva ruptura que acaba en un lenguaje completamente inventado y absurdo.

Tengo que decirlo: la obra posee, a su vez, una innegable y generosa dosis de ese humor fantástico que caracterizó tan bien al surrealismo y que, particularmente, me fascina.

Me despido con una frase de Huidobro que es, también, un valioso consejo para nuestras vidas:

“Huye de lo grandioso si no quieres morir aplastado por un merengue”

jueves 23 de octubre de 2008

Batman en chile



La señorita Juana Sommers, también llamada Vilma Vance, es la secretaria de relaciones públicas y asuntos internacionales. Su jefe le informa acerca de la llegada de Batman a Santiago.
Willie Morgan se describe como un perseguido político. ¿Fue Batman hasta allí para protegerle?

¿Es cierto que fue a liberar al país de la dictadura del proletariado?
La prensa colma el aeropuerto, ansiosos de poder encontrarse con Batman. Por medio de un helicóptero, logran sortear a la prensa y Batman aterriza directamente en la mansión Morgan, donde se dispone de falsos Batmans para distraer a la prensa y a los espías. Aunque no queda claro quiénes son los buenos y los malos. Ni siquiera para el héroe.

En un momento de intimidad junto a Juana, se desatan polémicas ideológicas que despiertan deseos sexuales en el encapuchado, pero la cosa no pasa a mayores, ya que son interrumpidos por un hatajo de Batmans impostores y la velada queda interrumpida por la presencia e irrupción de la policía.

Tanto Batman como Juana, van a parar a la cárcel. Despojan al héroe de sus pertenencias, lo que lo reduce a una persona más o menos normal. Lo liberan por cuestiones diplomáticas, y lo llevan hasta la mansión de Mincho. El chofer que presta el servicio, es un ex convicto encarcelado, a su vez, por Batman. Le advierte que no será una excepción.

Batman se enfrenta a una situación inédita para él, ya que ha sido desautorizado por la policía. La Gran Sociedad Libre, se presenta como una conspiración misteriosa, algo fantástica. Sus defensores temen y combaten el Marxismo, aunque nadie sabe qué es exactamente el Marxismo, y tampoco quiénes son los defensores.

En la Mansión, Batman es invitado a ocupar una habitación para huéspedes. La hermana de Mincho pareciera hacerle la corte a Batman. Entre una cosa y otra, el sueño del héroe queda perturbado. Necesita recurrir a barbitúricos para calmarse, pero ellos solo le proporcionan un sueño perturbador donde imagina un posible destino dramático para Robin, que ha ido a combatir a Vietnam.

Las instrucciones de Juana han sido claras: Improvisar. El tiempo transcurre entre debates filosóficos. Todo el tiempo se presiente la atmósfera característica de la agitación política.

Finalmente, todo se resolverá en un inmenso cocktail, al que asistirán tanto los espías guerrilleros, como los ultraderechistas. Desde luego, se desatará una pequeña revuelta. Todo es producto de una transición al socialismo, según opina el narrador. Y aunque haya vencedores y vencidos, lo que prevalece es la certeza de la ignorancia y la incomprensión.

Barroca, absurda, inverosímil, osada, grotesca, bizarra, poética, engorrosa, patética.
Impresionante.

sábado 18 de octubre de 2008

Las amargas lágrimas de Petra Von Kant


Fassbinder me conmueve de una manera única. Son pocos los autores que disfruto de la misma forma. No se trata de que crea que es mejor director que tal o cual, sino que siento que lo entiendo de una manera especial. Siento una simpatía intraducible hacia él y hacia sus películas. Desde luego, éste sentimiento no está basado en nada. Es simplemente una apreciación al margen.

La primera vez que vi “Las amargas lágrimas de Petra Von Kant” fue en un ciclo retrospectivo acerca de su obra en el Goethe Institute, pero mi romance con el director había comenzado mucho antes, cuando un amigo me insistió para que viese la adaptación al cine de Desesperación, de Nabokov. Lamentablemente, no he tenido ocasión de ver la puesta en escena.

El libro lo conseguí hace apenas unas semanas y al terminar de leerlo me he sentido nuevamente satisfecho. Incluso cuando su discurso nunca haya sido optimista.

Hay algunas diferencias entre el texto y la película, sobre todo en el desenlace, pero siempre se trata de Fassbinder, así que sería obsoleto pensar en la fidelidad de la adaptación. Aunque es cosa sabida que el cine y la literatura manejan distintos lenguajes cuyos resultados devienen en obras diferentes que no deben ser juzgadas con los mismos parámetros, es particularmente delicado el asunto cuando la adaptación la realiza el mismo autor. En fin, que la relación entre cine y literatura es un tema inagotable que no viene a cuento ahora.

Básicamente, toda la obra habla sobre las relaciones que se establecen entre la señora Von Kant y su criada, su amiga, su hija y su madre. Toda la obra transcurre entre cuatro paredes, en su estudio/habitación. Ella es una diseñadora de moda de gran prestigio. Su amiga y confidente Sidonie le presenta a una modelo nueva, llamada Karim, de origen humilde. Ella es jovencita, y Von Kant, que está atravesando una etapa muy singular respecto a sus sentimientos, ya que se ha divorciado recientemente de su marido, acaba, sin darse cuenta, enamorándose de Karim. La relación, aunque atípica, marcha sobre rieles, hasta que todo se viene a pique.

Descorazonadora, brutal. La crítica insiste en ver en ella una metáfora del sistema capitalista y una parodia del resurgimiento de alemania, encarnado en la figura de Von Kant, que ha sabido lucir como una persona autosuficiente y exitosa cuando, en realidad, lo suyo fue un anhelo posesivo y enfermizo, que la destrozó por dentro.

Fassbinder ha sido un pionero en demostrar el estrecho vínculo que existe entre las relaciones sentimentales y el ejercicio del poder, al mismo tiempo que consigue transmitir la angustia que caracteriza la degeneración de esas relaciones, ya sea a través del masoquismo y la manipulación o a través de la vulgaridad y la frivolidad exasperante.

Eterno desencantado, pesimista, cruel. Ofensivamente lúcido y encantador. Un personaje cuya obra resulta notable. Extravagante, cínica, infaltable.

miércoles 15 de octubre de 2008

Trilogia de Auschwitz



“Hemos viajado hasta aquí en vagones sellados. Hemos visto partir hacia la nada a nuestras mujeres e hijos. Convertidos en esclavos hemos desfilado cien veces ida y vuelta al trabajo mudo, extinguida el alma antes de la muerte anónima.
No volveremos.”

Hay libros cuya lectura necesariamente produce un efecto inquietante, cuando no revelador, en el lector. Cada persona es un mundo y cada cual reaccionará de diferente manera y llegará a diferentes conclusiones, pero muy difícilmente una persona en el uso pleno de sus facultades mentales, pueda permanecer indiferente. En el peor de los casos, sólo puede tratarse de una necia obstinación, la mayoría de las veces hija de la pereza intelectual. No hay peor sordo que el que no quiere oír, como suele decirse. En todo caso, confesadamente o no, las ideas se agitan ante lecturas extremistas, como las de Primo Levi.

La trilogía de Auschwitz forma un conjunto curioso. Se trata de tres obras orgánicamente diferentes, escritas en períodos de tiempo muy distanciados entre sí, bajo circunstancias disímiles que, sin embargo, forman una única obra, cuya evolución y desenlace engarza a la perfección.

La primera parte: “Si esto es un hombre”, es, posiblemente, la obra más famosa del autor. Se trata, nada más y nada menos, que de una crónica sobre su experiencia en los campos de concentración nazi. Lo curioso de la obra es el tono en el que está escrito. Semejante a una crónica periodística. Imparcial, desprejuiciado, con una objetividad exasperante. No se trata de repartir culpas, ni de expiarlas. Tampoco se trata de un texto de denuncia, ni de un libro de historia. Se trata, simplemente, de un testimonio. Brutal, desencarnado, pero un testimonio al fin. El propio autor declara haberlo escrito obedeciendo a un impulso irrefrenable, a una necesidad de contar, de relatar, todo lo que le sucedió. Como si se tratara de una urgencia, era imprescindible decirlo todo, sacárselo de dentro, cuanto antes. Y así fue.

El libro no tuvo mucho éxito la primera vez que se publicó, y el autor continuó con su carrera interrumpida de químico, dejando de lado toda pretensión de convertirse en escritor. Sin embargo, el libro fue redescubierto algún tiempo después, convirtiéndose en un best seller absoluto. Traducido a numerosos idiomas, convertido en bibliografía obligatoria en colegios y universidades, recomendado y celebrado por crítica y público. Hay que destacar el valor literario indiscutible que tiene la obra. Más allá de su contenido, su estilo es impresionante.

La historia ya la conocemos y es difícil aportar algo distinto que no sea la visión del autor. Aquí es donde la obra es excepcional y no en el testimonio que es igual a tantos otros. Ya saben. Ya lo vieron en las películas y lo leyeron en miles de libros. La reclusión, los viajes en tren interminables, sin comodidades de ningún tipo. El despojo de las pertenencias, la separación de los seres queridos. La cabeza afeitada. Trabajos forzados inútiles por demás, hambre, frío violencia y muerte. Auschwitz. Ya saben lo que fue Auschwitz, incluso cuando jamás pueda entenderse.

En cuanto a la segunda parte de la trilogía, nos encontramos con una obra completamente diferente. Aquí aparecen elementos clásicos de la narrativa. Ésta es una obra que sólo puede ser engendrada por un escritor, la primera, por un sobreviviente. Además de los sucesos, aquí se desarrollan personajes, con los que uno puede encariñarse e identificarse. “La tregua” empieza donde “si esto es un hombre” termina. Es decir, con la liberación en los campos de concentración, gracias a la intervención de los rusos. Ahora bien, lamentablemente, la liberación no fue nada fácil, y de eso habla éste libro, de las innumerables peripecias que tuvieron que sufrir antes de regresar al hogar. Como bien hace notar Muñoz Molina en el prólogo, por momentos la novela alcanza dimensiones picarescas que remiten al soldado schveik. Basta con evocar la escena en que, muertos de hambre, intentan negociar una gallina con unos pueblerinos que no comprenden su idioma y se ven forzados a hacerse entender por medio de la mímica, a costa de resultar ridículos. Aunque es un libro igual de trágico. Su nombre refiere al hecho de que a pesar de todo lo que sufrieron, en el fondo todo ha sido como una tregua. Lo verdaderamente horroroso no ha sido morir en los campos, sino sobrevivir a ellos.

Finalmente, la trilogía se completa con el ensayo titulado “Los hundidos y los salvados”. Se trata de un ensayo de una lucidez exasperante, que invita a la reflexión sobre Auschwitz a la luz de los años transcurridos. Allí expone su punto de vista y desarrolla sus propias teorías sobre varias cuestiones como la culpa, la venganza, la brutalidad, el poder, el odio racial, el valor y la necesidad de la comunicación y tantas otras cosas… realmente su alcance es demasiado amplio para resumirse en unas pocas líneas. Cada reflexión, cada pensamiento, es para meditarlo y polemizar. Primo Levi ha sido una figura muy singular en cuanto ha conservado su espíritu crítico, característico de los hombres de ciencia y ha intentado reflexionar de la manera más imparcial posible una cuestión complejísima como es la maldad en el hombre. No se ha conformado con suscribir todo el asunto a Auschwitz, sino que ha trascendido esos muros para penetrar en el mismo espíritu humano.

Si me permiten el atrevimiento, agregaré un comentario personal: No comprendo a la gente que se escandaliza ante la barbarie nazi. Las personas que prefieren pensar que todo aquello fue un caso aislado y que lo mejor es olvidar, como se olvidan los propios traumas. Me causan, cuanto menos, antipatía. En realidad, es más increíble que Auschwitz no haya vuelto a suceder, que el hecho de que alguna vez haya sucedido. Y no creo estar siendo pesimista.

Convivimos con el odio racial. Mal disimulado, encubierto, pero convivimos con el horror a lo diferente, a lo distinto. La sociedad se vanagloria de su evolución que, a ojos vistas, es mínima o nula. Basta con dar un paseo por el barrio porteño de once. Los verduleros odian a los judíos. Los colectiveros odian a los judíos. Los transeúntes escupen sobre la vereda de los negocios judíos. Hay un montón de jóvenes con ideas mal aprendidas sobre el nazismo. Miles de jóvenes cultivan sin demasiada convicción ideas fascistas que ni siquiera comprenden.

Y no se trata de defender o no defender al pueblo judío. Se trata de caer en la cuenta de que no hemos evolucionado mucho como especie. Se trata de que todavía convivimos con la homofobia, con el antisemitismo, con la idea de la superioridad de unos sobre otros.

De eso se trata Auschwitz. Esa es la lección que, según parece, no ha sido del todo asimilada.
El poder envicia, corrompe e intoxica. Los superiores gozan con la explotación de los inferiores. Esa es la verdad, quiera o no quiera escucharse.

Sin embargo, una sociedad más justa es posible y en su edificación debería írsenos la vida, si fuera necesario. Ya no hay pretextos. No es posible excusarse detrás de una supuesta ignorancia. Auschwitz puede volver a suceder en cualquier instante y, de hecho, sucederá. En la medida en que no hagas nada por evitarlo.

Piensa un poco en la responsabilidad que te corresponde. Tanto si estás arriba del escalafón social o por debajo. Todos somos culpables. Todos somos cómplices. No me importa si estás del lado de la patronal, o del lado de los empleados.
Mientras exista odio, explotación, tiranía. Mientras existan premios y castigos, mejores y peores, buenos y malos. Mientras existan ambiciones desmedidas, rencor, celos, envidias. Existirá, potencialmente, Auschwitz.

sábado 11 de octubre de 2008

Rashomon



El tema que nos compete hoy: Ryunosuke Akutagawa.

En el cuento titulado “Rashomon”, tenemos, en principio, una lluvia torrencial. Luego, un templo en ruinas en el que, no obstante, todavía es posible refugiarse. Allí se guarece de la lluvia un ex sirviente de samurai, librado a su incierto destino, mientras deja vagar sus pensamientos.
Mire por donde se mire, hay destrucción, miseria y caos. Ha caído la desgracia en el templo de Rashomon, famoso por haberse convertido en refugio de criminales y desesperados.
En sus pensamientos, el ex sirviente llega a la amarga conclusión de que no podrá sobrevivir, sino es a través del vandalismo.
En algún momento, advierte la presencia de alguien más en otra habitación. Sigilosamente, investiga de qué se trata. Entonces descubre una anciana que arranca los cabellos de los muertos. Aterrorizado, interpela a la anciana acerca de su actuar. Ésta le responde que le arranca el cabello a los muertos, para confeccionar pelucas que luego venderá. A veces es necesario tomar medidas extremas para sobrevivir, concluye. Tras lo cual, el ex sirviente se debate en sí mismo sobre el bien y el mal, para, finalmente, robarle a la misma anciana.

En el cuento titulado “En el bosque”, van sucediéndose distintas declaraciones de testigos primero y protagonistas después, que van ampliando los pormenores de un mismo suceso desafortunado. A saber: un asesinato pasional. El descubrimiento progresivo del móvil del crimen resulta cada vez más sobrecogedor hasta llegar a su clímax, luego del cual, los puntos de vista comienzan a ser contradictorios y las versiones distintas. Un bandido enamorado de la mujer de un samurai, engaña a éste último y toma, a la fuerza, posesión de la mujer. Luego, sólo una cosa es cierta: Semejante suceso necesita, indefectiblemente, acabar en tragedia. Ya sea con la muerte de uno de los protagonistas u otro. Ya sea defendiendo o protegiendo el honor y la integridad de uno u otro.
Ahora bien, podría pensarse que la única versión fidedigna de la realidad, es la del mismo muerto que, lamentablemente, no puede hablar. Sin embargo, el muerto hablará a través de un medium. Y, sin embargo, el caso todavía no es concluyente.
Lo que demuestra, una vez más, que la realidad en su amplitud inmensa, termina por ser inalcanzable.

Finalmente, es imposible no mencionar la estupenda película de Kurosawa, basada, precisamente, en estos dos textos, en una versión que es un clásico indiscutido de la historia del cine. Kurosawa ha hecho una mixtura un tanto singular de éstos dos textos, introduciendo, apenas, unas leves modificaciones. ¿La escena memorable de la película? El muerto relatando su versión de los hechos, a través de la médium. Escalofriante.

Eso es todo por ahora. Ideal para un fin de semana grisáceo.

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