Si nunca sentiste hablar del autor, no serías el primero. La verdad es que, hasta ahora, no ha sido recordado más que por unos pocos, y, más que otra cosa, por deferencia hacia Giorgio de Chirico, ya que se trata de su hermano. Podría pensarse que ya es suficiente con eso, sino fuera porque existen unos méritos propios del autor, más allá de esa circunstancia fortuita.
Lamentablemente, todavía quedan lectores perezosos que consideran al cuento como un género menor. Craso error. Al menos cuando se trata de autores de primerísima categoría, como el amigo Savinio.
Los cuentos reunidos en “Toda la vida” no tienen desperdicio. Sciascia ha dicho del autor que se trata de uno de los mejores escritores italianos de su época, admirado por Apollinaire, proclamado precursor del surrealismo por Bretón. Lo cierto es que ha sabido desarrollar un estilo propio que combina el humor, el surrealismo, el realismo mágico y la introspección psicológica de una manera única.
Sería demasiado extenso dar cuenta de todos sus cuentos, pero particularmente quiero comentar acerca de dos de ellos, que son los que más me han gustado.
Uno se titula “el compañero de viaje” y es una historia de trenes. Ya desde el vamos me encantan las historias de trenes… El protagonista mira el paisaje por la ventanilla y piensa en esas cosas que uno piensa cuando mira por la ventanilla de un viaje largo, es decir, en todo y en nada… hasta que sucede una situación entre un pasajero y él que se resuelve de una manera desafortunada. Entonces nuestro protagonista, humillado por la grosería del pasajero, toma la sencilla resolución de asesinarlo. Así, como quien no quiere la cosa, se las ingenia para tirarlo por la ventanilla del tren en movimiento, sin perder la compostura. Aunque no será suficiente para descansar en paz, ya que del asiento vacío comienza poco a poco a resurgir, nuevamente, el mismo odioso pasajero. Y lo que es peor, aunque volviera a darle muerte, volvería a nacer de sus cenizas, sencillamente porque el otro pasajero, es él mismo.
El otro cuento se titula “Poltrona del amor”. Al principio, el protagonista despierta y no sabe dónde está. Luego estira la mano buscando a su esposa y entonces comienza a recordar. Su esposa está muerta y él está solo en la casa. Todavía sin distinguir del todo la vigilia del sueño, le parece que escucha voces. Efectivamente, escucha voces. Son los muebles de la casa que dialogan entre ellos. ¿Es cierto lo que está escuchando? ¿Son ciertas las historias que comienza a contar el sillón, acerca de las numerosas aventuras amorosas de la difunta? Incrédulo al principio, lleno de ira después, el protagonista intenta descargar su furia contra los muebles. Al día siguiente, la policía encuentra al protagonista muerto encerrado en su propia casa. No queda claro el móvil del crimen.
También podría mencionarles el de la señora que se compra un piano que tiene hijos (pianitos chiquitos) o el del soldado que planea quedarse con la esposa de su compañero muerto en combate, pero hecha a perder su plan por un descuido o la historia de un matrimonio desafortunado donde el esposo confunde a un mueble con su propia madre.
En fin, se trata de una colección de historias que mezclan lo fantástico de una manera poética alucinatoria sensible.
Un hallazgo.
Lamentablemente, todavía quedan lectores perezosos que consideran al cuento como un género menor. Craso error. Al menos cuando se trata de autores de primerísima categoría, como el amigo Savinio.
Los cuentos reunidos en “Toda la vida” no tienen desperdicio. Sciascia ha dicho del autor que se trata de uno de los mejores escritores italianos de su época, admirado por Apollinaire, proclamado precursor del surrealismo por Bretón. Lo cierto es que ha sabido desarrollar un estilo propio que combina el humor, el surrealismo, el realismo mágico y la introspección psicológica de una manera única.
Sería demasiado extenso dar cuenta de todos sus cuentos, pero particularmente quiero comentar acerca de dos de ellos, que son los que más me han gustado.
Uno se titula “el compañero de viaje” y es una historia de trenes. Ya desde el vamos me encantan las historias de trenes… El protagonista mira el paisaje por la ventanilla y piensa en esas cosas que uno piensa cuando mira por la ventanilla de un viaje largo, es decir, en todo y en nada… hasta que sucede una situación entre un pasajero y él que se resuelve de una manera desafortunada. Entonces nuestro protagonista, humillado por la grosería del pasajero, toma la sencilla resolución de asesinarlo. Así, como quien no quiere la cosa, se las ingenia para tirarlo por la ventanilla del tren en movimiento, sin perder la compostura. Aunque no será suficiente para descansar en paz, ya que del asiento vacío comienza poco a poco a resurgir, nuevamente, el mismo odioso pasajero. Y lo que es peor, aunque volviera a darle muerte, volvería a nacer de sus cenizas, sencillamente porque el otro pasajero, es él mismo.
El otro cuento se titula “Poltrona del amor”. Al principio, el protagonista despierta y no sabe dónde está. Luego estira la mano buscando a su esposa y entonces comienza a recordar. Su esposa está muerta y él está solo en la casa. Todavía sin distinguir del todo la vigilia del sueño, le parece que escucha voces. Efectivamente, escucha voces. Son los muebles de la casa que dialogan entre ellos. ¿Es cierto lo que está escuchando? ¿Son ciertas las historias que comienza a contar el sillón, acerca de las numerosas aventuras amorosas de la difunta? Incrédulo al principio, lleno de ira después, el protagonista intenta descargar su furia contra los muebles. Al día siguiente, la policía encuentra al protagonista muerto encerrado en su propia casa. No queda claro el móvil del crimen.
También podría mencionarles el de la señora que se compra un piano que tiene hijos (pianitos chiquitos) o el del soldado que planea quedarse con la esposa de su compañero muerto en combate, pero hecha a perder su plan por un descuido o la historia de un matrimonio desafortunado donde el esposo confunde a un mueble con su propia madre.
En fin, se trata de una colección de historias que mezclan lo fantástico de una manera poética alucinatoria sensible.
Un hallazgo.
