martes 30 de septiembre de 2008

El caballero y la muerte



Quien no conoce a Sciascia, debería hacerlo. He aquí un autor extraordinario y peculiar. En ésta oportunidad, hablaremos de: “El caballero y la muerte”. Como acostumbra a suceder con las obras del autor, parece una novela bastante clásica, pero, en realidad, está llena de giros interesantes donde uno bien puede extraviarse e incluso, a veces, no regresar.
Tanto en las estupendas novelas históricas como en las típicas novelas policiales, Sciascia acostumbra a esconder pensamientos y reflexiones revulsivas en una estructura más bien tradicional.

El caballero y la muerte versa sobre un asesinato político. Han matado a Sandoz, el abogado del presidente. Tratándose de una figura tan poderosa, el mismísimo jefe de la policía y el vicejefe serán los oficiales que investigarán el caso.
Lo primero, las preguntas de rigor a los últimos que han visto con vida al abogado. Incluso cuando ello implique tener que entrevistar al presidente. ¿Es que, acaso, se puede dudar de él?

A medida que el caso avanza, se descubre el nombre de un grupo terrorista que se ha dado en llamar los hijos del 89, presuntos autores del crimen. Incluso más tarde capturarían a uno de los líderes de la banda terrorista. ¿Pero el caso está avanzando sobre rieles o se trata, en realidad, de una falsa pista?

Ahora bien, más allá de la trama, lo importante aquí no es el enigma policial a resolver. Quien así lo entienda, se pierde la mejor parte. A saber: asistir a la transformación psíquica y anímica que se opera en el personaje del vicejefe.

Desde el principio, las reflexiones del vicejefe sobre el cuadro de Durero que cuelga en su despacho son excesivas e innecesarias. ¿Y por qué el autor se explaya tanto en ellas? Pues, porque son interesantes, sencillamente.
Vamos, en el fondo, hay una trama policial casi a regañadientes. Se trata, en realidad, de algo accesorio.
Poco a poco el personaje del vice, la intimidad del vice, absorbe la novela, absorbe la trama. Y aunque luego resulta que hay un culpable, y que se revela su identidad, jamás se explican los móviles.
¿Por qué?

Porque uno pierde pie, sencillamente, se extravía en la conciencia del vicejefe, se extravía en sus juicios sobre el mundo, ciertamente cínicos y sumamente inteligentes. Se extravía y se confunde y acaba creyendo que los pensamientos del personaje son los suyos propios, para luego ya no querer volver e incluso olvidar adónde.

domingo 28 de septiembre de 2008

Pinocho



Hay un pedazo de madera dotada de vida y hay un carpintero que convierte ese pedazo de madera en un muñeco, el cual adopta como hijo.
Sí, ya sé: un delirio. Pero esto recién empieza. El muñeco resulta anidar en sí un espíritu insurrecto y rebelde que lo empuja a abandonar su casa, en un claro acto de insubordinación a las autoridades establecidas. Un grillo hablador (tal vez un residuo de conciencia burguesa) le advierte sobre lo ridículo y perjudicial de su comportamiento. Desde luego, Pinocho no le da ni cinco de pelota y sigue con la suya. Pinocho es un holgazán y no le gusta trabajar, ni estudiar. Lo que él quiere, es estar de vacaciones todo el año. (¿Y que reine la anarquía?)

Su vida disoluta lo lleva ora a un lado, ora a otro. Viviendo numerosas aventuras. En una función de circo, siente una profunda hermandad con unos títeres, que luego pondrá en juego su vida. Más tarde, la posesión de unas monedas de oro, lo vuelven presa fácil de estafadores oportunistas, caracterizados en los personajes del zorro cojo y el gato ciego.

Su padre, el carpintero Gepetto, emprende una búsqueda desesperada por el mar para dar con el paradero de su hijo, pero esa búsqueda no llega a buen puerto, ya que es devorado por un tiburón.
Un hada buena se apiada del desdichado muñeco y le da cobijo, aunque no tardan las malas influencias en alejar a Pinocho de la senda del bien. Movido por el hambre, comete un acto de hurto. Lo que le vale, a su vez, el castigo de tener que proteger una tierra que no es la suya. Y, cuando otros movidos por el hambre, deciden robar, Pinocho deberá denunciarlos. (¿Solidaridad lumpen o adhesión a los capitalistas?)

Hay un lugar donde no es necesario estudiar, ni trabajar. Hay un lugar donde son vacaciones todo el año. Ese lugar atrae a Pinocho como un imán. Ese lugar convierte a Pinocho en un burro de carga, que luego es comercializado como un producto.
Ese lugar, desde luego, no existe. Ese lugar introduce la noción y el alcance de la utopía en los perezosos.

El mismo tiburón que se comiera a Gepetto, se come a Pinocho, abandonado a su suerte junto al mar. En la panza del tiburón, se reencuentra con su padre. Ha sobrevivido todo éste tiempo gracias a los víveres de un barco abandonado, depositado en las entrañas de la bestia.

¿Y, al final, la historia termina bien? Pues, sí. Se escapan de la panza del tiburón, llevan una vida honrada, aunque pobre. Y, para no ser menos, el hada vuelve a aparecer y les otorga riquezas para que puedan tener una vida más digna.

¿Qué me dicen, niños? ¿De verdad se van a creer que si respetan siempre a sus mayores un hada buena los va a recompensar con riquezas?
Pues, no. No se crean una palabra. Obedecer toda tu vida también te convierte en un burro. Y la solución no es la anarquía, ni ninguna utopía inviable. La solución debe pensarse al imaginar las horas muertas de Gepetto, en el estómago del Tiburón.

La solución sólo puede ser percibida tras el murmullo de las olas que rompen.

martes 23 de septiembre de 2008

Dejen todo en mis manos



El escritor le confiesa al editor la ineludible necesidad de dinero. Tras el rechazo de su novela, el editor se apiada del escritor y le ofrece un trabajo ocasional y singular, que se relaciona y no se relaciona con la literatura. A saber: ha llegado un manuscrito de excepción a la editorial y planean publicarlo. El problema es que necesitan, por cuestiones legales, al autor de aquél manuscrito, pero desconocen su paradero. Es necesario que alguien se ocupe de dar con él. Considerando que toda la información disponible como para hacerlo, es el nombre del escritor (que bien podría ser un pseudónimo) y la ubicación de la oficina del sello postal desde donde se ha enviado el sobre, la tarea parece más bien imposible. Sin embargo, la necesidad es grande y hay dinero de por medio, así que el escritor acepta aquél desafío.

La novela podría resumirse como la historia de un escritor en bancarrota reconvertido en detective ocasional, que tiene que dar con el paradero de un escritor oculto y grandioso. Aunque hay más que eso.

También se trata de una novela de aventuras y de una novela de aprendizaje, ya que los distintos personajes casuales con los que se cruza en su insólito periplo, dejarán mella en el protagonista, enriqueciéndolo intelectual o espiritualmente, como en las mejores historias de carretera, pero, por sobre todas las cosas, es una novela de humor. Un tipo de humor genial y muy difícil de hallar. Un humor que puede mover a la carcajada y que, sin embargo, es apenas un condimento, un ingrediente más en una compleja trama.

Bah, disculpen ustedes. No quería volver a escribir sobre Levrero, pero la verdad es que cada vez que leo una obra suya siento una alegría tan inmensa que no puedo evitar compartirla.
Quiero decir: Las obras buenas son raras, pero las obras buenas y cómicas son todavía más raras. Celebro cada nueva adquisición.

En fin, podría decirse que, aunque no hay policías y ladrones, la novela se resuelve como un enigma policial, ya que hay una desaparición y alguien que investiga esa desaparición, pero todavía hay más. Lo que sucede es que en esa expectación con la que el lector se recrea hay una aproximación a una dimensión literaria que linda con lo fantástico, en toda la amplitud que la expresión lo permite.

Una obra excepcional. Altamente recomendable.

domingo 21 de septiembre de 2008

El corazón coronado




El catedrático Alain Mangel es un tipo serio. Un intelectual a ultranza, un profesor de filosofía extremadamente culto y educado, especializado en la fenomenología de Husserl, que, sin proponérselo, ejerce sobre los jóvenes una notable influencia. El mismo día en el que se celebra su fiesta de cumpleaños, su esposa le asesta un golpe bajo, luego de anunciarle frente a colegas y alumnos, que se divorciará y se casará con otro. El espíritu impasible del profesor continúa siendo impasible. Sin embargo, la imagen que los demás se han hecho de él, se ha echado a perder por completo, lo que lo lleva a atravesar una crisis personal que terminará enredándolo en una relación amorosa con una alumna. Una parte de sí realmente desea aprovecharse de la circunstancia, pero otra parte no quiere saber nada. El desdoblamiento psicológico se materializa en un personaje que es el espectro de sí mismo, proyectado hacia el exterior. Finalmente accede a tener una aventura con su alumna. Desde aquí, el bueno de Alain Manguel tendrá que enfrentarse consigo mismo en repetidas oportunidades, si quiere salvar su buen nombre. Una vez que decide enmendarse y enterrar en el pasado lo sucedido, se entera que su alumna ha quedado embarazada. Para colmo, la chica se ha tomado en serio los discursos bíblicos que se dieran en las clases y ahora asegura que todo ha sido obra de dios. Incluso está convencida de haber sido elegida para formar parte de una tarea mesiánica de salvación de la humanidad, para lo cual es necesario que libere a la hija del narcotraficante colombiano más importante de Latinoamérica, que permanece encerrada en un hospital psiquiátrico. Al menos ese es el plan que imaginó en su cabeza, luego de haber soñado con un muchacho con el que finalmente se puso en contacto, y el cual accedió de buen grado en todo propósito. El pobre Alain, queda enredado en esa trama y, antes de que pueda echarse atrás, se encuentra conviviendo con su alumna embarazada, un drogadicto y una loca ninfómana, en una casa alquilada, junto a la playa, siempre dispuesto a la realización de orgías. Hasta que unos gángsters deciden tomar posesión de la hija del narco, al mismo tiempo que unos soldados americanos intentan poner fin a los gángsters y se arma un lío tremendo entre guerrillas. En medio de la selva donde se gesta la guerrilla, Alain decide que su vida, a pesar de todos los sacudones que ha venido sufriendo, necesita una verdadera revolución interior. El hecho de convertirse en padre, le trastorna el cerebro. Una anciana chamán les brindará cobijo a él y a su esposa, hasta que ésta de a luz. Mientras tanto, intentará hacer entrar a Alain en otra dimensión del mundo, luego de demostrarle que toda su supuesta sabiduría de escuela no le ha servido de nada, ya que no ha logrado deshacerse de su ego. Para poder penetrar en la dimensión más profunda de la vida, es necesario deshacerse de todo vestigio de ego. A través de prácticas chamánicas diversas, entre las que se incluyen la utilización de la ayahuasca, finalmente Alain tendrá una verdadera iluminación.

miércoles 17 de septiembre de 2008

Giulietta

La felicidad es un objetivo en constante fuga. Todo lo que hay, a lo sumo, son momentos de felicidad. Sin embargo, algunas personas parecen ser capaces de sobrellevar la existencia con un buen humor envidiable. Ama de casa que piensas que la vida ya está resuelta, escucha lo que enseña el gran Fellini: el sexo es una puerta hacia la felicidad. No seas mojigata, no me refiero al sexo con tu esposo.

Este libro puede resultar revelador para todas aquellas damas ingenuas que creen que es suficiente que una mujer sea inteligente y buena compañera para asegurarse la fidelidad de sus esposos o novios. Pues, no es suficiente. ¿Acaso se olvidan que vivimos en una sociedad neurótica que venera un objeto del que luego se resiente?
Pues, a decir verdad, lo que el hombre busca en la mujer, además de poder ver una película y charlar, es sexo. De eso se trata. De mantenerse sexy incluso con el paso de los años. ¿Es que eso es mucho pedir? Pues, después será demasiado tarde para lágrimas. No se hagan las inocentes.

Vamos, ser una puta no es nada fácil. Se trata de un arte, complejo y grandioso. Algunas mujeres ya saben de qué se trata desde su más tierna edad y otras tienen que aprenderlo todo desde el principio, pero todas pueden aprender. Es necesario ejercitarse en la noble práctica de convertirse en una puta.

Tal vez el sexo no sea la única forma de ser felices, ya lo sé, pero ayuda.

Pero me estoy yendo por las ramas. Giulietta es un ama de casa más bien introvertida con una vida más bien monótona. Un día descubre a su esposo invocando, en sueños, el nombre de otra mujer. Desconsolada, recurre a los servicios de un detective privado y descubre que sus sospechas de infidelidad son acertadas. Arrastrada por la melancolía, se vuelca a prácticas esotéricas a las que toda su vida fue sensible. Luego, la manifestación de diversos espíritus tratarán de hacerla penetrar en otra dimensión de la realidad.

La vida es, a fin de cuentas, extraña y misteriosa. Y la genialidad del autor consiste, precisamente, en transmitir esa sensación valiéndose de situaciones admisibles para cualquier hijo de vecino.

Bah, una obra divertida, extraña, inocente, fresca, sutil y profunda, como cualquier otra obra del genial Fellini.

viernes 5 de septiembre de 2008

Bajo Palabra

Experimento A: Coméntele a un sujeto occidental que determinada persona es un criminal. Automáticamente querrá saber qué crimen cometió.

Experimento B: Coméntele a un sujeto occidental que existe un libro acerca de la experiencia de la persona del experimento A dentro de la cárcel y fuera de ella. Automáticamente se imaginará una historia llena de traición, venganza, acción, mucho lío y cosa gorda.

Ahora bien, coméntele al sujeto que una persona que ha cometido un crimen, es liberada en libertad condicional.

Pues entonces sucederá que en la imaginación del sujeto occidental se agolparán desenlaces del tipo felices o del tipo amargos.
En los primeros, la reivindicación es posible y tendremos una historia conmovedora que bien podría convertirse en un canto a la vida (vaya uno a saber qué demonios significa en verdad esa expresión) en el segundo, no. Tendremos una historia amarga que demuestra que los malos son siempre malos, lo que ayuda, a su vez, a realzar la bondad de los buenos. Si se tratara de una película hecha en hollywood, posiblemente también acabaría convirtiéndose, de una manera u otra, en un canto a la vida.

Primer postulado que se extrae del experimento: la variabilidad de reacciones emocionales sensoriales están determinadas por el punto de origen del sujeto pensante.

Explicación: Si resulta que todo el asunto se concibe y se narra desde una óptica japonesa, entonces los tópicos quedarán trastornados.
Para bien o para mal, los japoneses parecieran esquivar, a su manera, los clichés de la argumentación occidental. Desde luego que caen en sus propios clichés, pero no viene al caso decirlo ahora.

¿A dónde quiero llegar?

Pues, lo que quiero decir es que los japoneses tienen una manera única de relatar lo que sea que tengan que relatar. Ok. Eso ya lo saben, no hay que ser un Einstein para darse cuenta.

Convengamos en que no soy un Einstein y convengamos en que lo que quiero decir es que, si se analiza cualquier obra japonesa, siempre se encuentran, por contraste, diferencias en los modos de concebir occidental.

Ergo, uno puede sentirse cómodo o incómodo, pero, al menos mientras dura el efecto de la novedad, siempre es fascinante sumergirse en ese terreno extraño y sugerente de la narrativa japonesa. Intentar desentrañar la psicología de los personajes, sentirse emparentado o disgustado, pero siempre cautivado por lo ajeno, lo extraño, lo desconocido.

Sí, de eso se trata.

De eso, y de quedarse pensando hasta el hartazgo en un final tan obvio, pero, al mismo tiempo tan contundente: La irreversibilidad de lo trágico y su infinito alcance.