Quien no conoce a Sciascia, debería hacerlo. He aquí un autor extraordinario y peculiar. En ésta oportunidad, hablaremos de: “El caballero y la muerte”. Como acostumbra a suceder con las obras del autor, parece una novela bastante clásica, pero, en realidad, está llena de giros interesantes donde uno bien puede extraviarse e incluso, a veces, no regresar.
Tanto en las estupendas novelas históricas como en las típicas novelas policiales, Sciascia acostumbra a esconder pensamientos y reflexiones revulsivas en una estructura más bien tradicional.
El caballero y la muerte versa sobre un asesinato político. Han matado a Sandoz, el abogado del presidente. Tratándose de una figura tan poderosa, el mismísimo jefe de la policía y el vicejefe serán los oficiales que investigarán el caso.
Lo primero, las preguntas de rigor a los últimos que han visto con vida al abogado. Incluso cuando ello implique tener que entrevistar al presidente. ¿Es que, acaso, se puede dudar de él?
A medida que el caso avanza, se descubre el nombre de un grupo terrorista que se ha dado en llamar los hijos del 89, presuntos autores del crimen. Incluso más tarde capturarían a uno de los líderes de la banda terrorista. ¿Pero el caso está avanzando sobre rieles o se trata, en realidad, de una falsa pista?
Ahora bien, más allá de la trama, lo importante aquí no es el enigma policial a resolver. Quien así lo entienda, se pierde la mejor parte. A saber: asistir a la transformación psíquica y anímica que se opera en el personaje del vicejefe.
Desde el principio, las reflexiones del vicejefe sobre el cuadro de Durero que cuelga en su despacho son excesivas e innecesarias. ¿Y por qué el autor se explaya tanto en ellas? Pues, porque son interesantes, sencillamente.
Vamos, en el fondo, hay una trama policial casi a regañadientes. Se trata, en realidad, de algo accesorio.
Poco a poco el personaje del vice, la intimidad del vice, absorbe la novela, absorbe la trama. Y aunque luego resulta que hay un culpable, y que se revela su identidad, jamás se explican los móviles.
¿Por qué?
Porque uno pierde pie, sencillamente, se extravía en la conciencia del vicejefe, se extravía en sus juicios sobre el mundo, ciertamente cínicos y sumamente inteligentes. Se extravía y se confunde y acaba creyendo que los pensamientos del personaje son los suyos propios, para luego ya no querer volver e incluso olvidar adónde.
Tanto en las estupendas novelas históricas como en las típicas novelas policiales, Sciascia acostumbra a esconder pensamientos y reflexiones revulsivas en una estructura más bien tradicional.
El caballero y la muerte versa sobre un asesinato político. Han matado a Sandoz, el abogado del presidente. Tratándose de una figura tan poderosa, el mismísimo jefe de la policía y el vicejefe serán los oficiales que investigarán el caso.
Lo primero, las preguntas de rigor a los últimos que han visto con vida al abogado. Incluso cuando ello implique tener que entrevistar al presidente. ¿Es que, acaso, se puede dudar de él?
A medida que el caso avanza, se descubre el nombre de un grupo terrorista que se ha dado en llamar los hijos del 89, presuntos autores del crimen. Incluso más tarde capturarían a uno de los líderes de la banda terrorista. ¿Pero el caso está avanzando sobre rieles o se trata, en realidad, de una falsa pista?
Ahora bien, más allá de la trama, lo importante aquí no es el enigma policial a resolver. Quien así lo entienda, se pierde la mejor parte. A saber: asistir a la transformación psíquica y anímica que se opera en el personaje del vicejefe.
Desde el principio, las reflexiones del vicejefe sobre el cuadro de Durero que cuelga en su despacho son excesivas e innecesarias. ¿Y por qué el autor se explaya tanto en ellas? Pues, porque son interesantes, sencillamente.
Vamos, en el fondo, hay una trama policial casi a regañadientes. Se trata, en realidad, de algo accesorio.
Poco a poco el personaje del vice, la intimidad del vice, absorbe la novela, absorbe la trama. Y aunque luego resulta que hay un culpable, y que se revela su identidad, jamás se explican los móviles.
¿Por qué?
Porque uno pierde pie, sencillamente, se extravía en la conciencia del vicejefe, se extravía en sus juicios sobre el mundo, ciertamente cínicos y sumamente inteligentes. Se extravía y se confunde y acaba creyendo que los pensamientos del personaje son los suyos propios, para luego ya no querer volver e incluso olvidar adónde.

