
No es una novela amable. Eso, por descontado. Más bien se trata de un texto oscuro y un tanto siniestro, como no podía ser de otra forma, si nos ponemos en situación. La novela se publicó en el 73, en un período bastante particular de la historia argentina. Sin embargo, la novela transcurre en un tiempo y un espacio inexistentes.
¿De qué se trata? Bueno, para empezar, no es posible definir a ciencia cierta al narrador. Tampoco es posible definir un argumento. En realidad, no hay acción ni nadie que relate los hechos. ¿Qué es lo que hay? Una especie de monólogo interior. Un fluir de recuerdos y pensamientos, entremezclados con fantasías. La dificultad está dada cuando, sobre esa base, resulta que no hay una única voz, sino al menos tres voces que recuerdan. Y se vuelve bastante difícil identificar cuándo ha callado una, para dar paso a la otra. Incluso en un mismo párrafo hay oraciones que pertenecen a una voz y oraciones que pertenecen a otra.
Hay dos hermanos mellizos. Uno ha muerto y el otro no. El que sobrevivió y el que murió dan cuenta de sus propias experiencias. También hay un tercer personaje. Mas luego no queda claro cuál de los tres está narrando y tampoco queda claro qué es lo que está narrando. ¿Se trata en realidad de una única voz? Tal vez.
Probablemente lo que haya querido demostrar Luis Gusmán es que la realidad no puede ser reflejada por medio de las palabras. Tras la utilización de una lógica propia, y de la omisión de las estructuras argumentales tradicionales, crea una atmósfera singular que devuelve una imagen imprecisa del mundo, cuyo efecto es, sin embargo, tangible.
Detrás del velo hay una historia de violencia, de traumas familiares, de negación paterna. Hay una historia sofocante, inevitablemente triste, amarga. Y sin embargo es una obra grandiosa.
¿De qué se trata? Bueno, para empezar, no es posible definir a ciencia cierta al narrador. Tampoco es posible definir un argumento. En realidad, no hay acción ni nadie que relate los hechos. ¿Qué es lo que hay? Una especie de monólogo interior. Un fluir de recuerdos y pensamientos, entremezclados con fantasías. La dificultad está dada cuando, sobre esa base, resulta que no hay una única voz, sino al menos tres voces que recuerdan. Y se vuelve bastante difícil identificar cuándo ha callado una, para dar paso a la otra. Incluso en un mismo párrafo hay oraciones que pertenecen a una voz y oraciones que pertenecen a otra.
Hay dos hermanos mellizos. Uno ha muerto y el otro no. El que sobrevivió y el que murió dan cuenta de sus propias experiencias. También hay un tercer personaje. Mas luego no queda claro cuál de los tres está narrando y tampoco queda claro qué es lo que está narrando. ¿Se trata en realidad de una única voz? Tal vez.
Probablemente lo que haya querido demostrar Luis Gusmán es que la realidad no puede ser reflejada por medio de las palabras. Tras la utilización de una lógica propia, y de la omisión de las estructuras argumentales tradicionales, crea una atmósfera singular que devuelve una imagen imprecisa del mundo, cuyo efecto es, sin embargo, tangible.
Detrás del velo hay una historia de violencia, de traumas familiares, de negación paterna. Hay una historia sofocante, inevitablemente triste, amarga. Y sin embargo es una obra grandiosa.
18 comentarios:
Se agradece sobremanera que nos acerques autores que por su escasa difusión, nos son prácticamente desconocidos; cuanto menos para mí.
Si, estoy en completo acuerdo con lo que dice Raúl. Se agradece. Este último se me hace que si lo leo.
La tapa da miedo, se parece a susana gimenez despues de tres meses en punta del este tomando sol, por las dudas le escapo.
Saludos
Lo leeré. No sabría decir por qué me hizo pensar en esas veces en que una chica hermosa y educada le dice a alguien porque sí “Andate a la mierda, boludo”, y uno se enamora.
De Guzmán leí Villa a "el frasquito" no lo podía encontrar, veo que lo re-editó Norma, habrá que comprarlo.
saludos
Pues suena muy interesante, pero dudo que se consiga en México, ni porque está publicado en Norma, editorial con la que me gustaría publicar mi primer libro de cuentos.
En fin, al menos fue gratificante leer la reseña. Aunque me queda una duda, ¿cómo saber que las estructuras narrativas convencionales no fueron utilizadas por al autor, no tanto por voluntad, sino a lo mejor por incomodidad?
Y si uno escribe de manera tan dispersa, ¿será porque no existe una idea de estructura en el narrador o en el escritor?
En fin, sólo son dudas que me surgieron mientras leía tan amena reseña.
Un abrazo colega.
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Gracias por seguir publicando la palabra
Raúl: A veces me siento como un evangelista de la buena literatura.
Diablo: Luis gusmán tiene larga fama... pero, lo mismo me complace difundir (aunque sea un poco) su nombre...
Dragón: Yo pensé lo mismo la primera vez que vi la portada, pero es gorriarena y lo respeto.
Claude: No podría haberlo resumido mejor. Es así, nomás.
Mariano: Pues yo no leí Villa. Lo tuve conmigo largo tiempo, pero me costaba entrarle. Cada vez que lo empezaba, leía unas páginas y me aburría. Terminé cambiándolo en el parque rivadavia. Ahora me arrepiento.
Salvatore: En realidad son irrelevantes las razones que pudiera tener o no tener el autor. La primitiva idea de la "Intención" del artista está completamente desactualizada. No importa la intención o la razón por la que el autor hace lo que hace, lo que importa es lo que hace. A saber: no utilizar las estructuras convencionales de narración, es decir, desentenderse de la vieja fórmula del principio nudo y desenlace.
Gracias por su aporte.
Vanessa: Muchas gracias.
En el último párrafo me quedo, entre la realidad y la palabra un abismo. Toda una pretensión querer ordenar el caos, estamos todos en eso creo, perdiendo el tiempo.
Tremento artista Gorriarena, por otra parte.
Fe de erratas: Penúltimo. Saludos.
Interesante. Es que hay dos (o multiples)realidades; una, la física, la desordenada, la de las sensaciones, que es irreproducible...
La otra, la del pensamiento, la de las palabras, es la única que nos queda...
Saludos Humanoide...
De nuevo, esta recomendación...me la apunto para más adelante...cuando la sensibilidad me lo permita...Me gusta el título.
"y ahí viene Luis Guzmán con su frasquito"
Quizá no logre leerlo por mas que me empecine en ello. Imagino, por lo que decís, que ha de ser como el amigo Zelarrayán, esa literatura que tanto me cuesta, macedoniana y joyceana. Ese fluir caotico y desmesurado de una unica voz narradora, que son miles y ninguna. Pero, no obstante, a pesar de no poder aliarme con ellos, puedo, sin embargo, admirarlos desde la inteligencia. No poder leerlos obedece a un padecimiento racional. Buenísimo como siempre. Saludos
las voces internas tiene eso
que oscila entre la realidad y
los infiernos mas abismales.
es (quizás) por eso que el relato
en forma de monólogo se torne
casi imposible de leer/comprender.
.
interesante propuesta, leer
un Ello condensado y desplazado
en letras.
.
saludos ninio.
¿James Joyce en el Río de la Plata? Por como se describe la novela, pareciera. Hasta la señorita Bloom comentó por aquí.
¿Cuándo las sucursales de los grupos editoriales van a distribuir a sus autores de casa fuera de sus fronteras? Aquí en Colombia querríamos leer a Gusmán, a Forn, a... como el libro del gran Sábat, siguen las firmas.
Quizá tu autodefinición de "evangelista de la buena literatura" sea un poco engolada (sonrío) pero ciertamente, se agradecen las buenas recomendaciones.
Molly: Lo más curioso es que el caos parece obedecer a leyes matemáticas. El problema es que la mente humana no puede sino divagar, perder pie... hacer aguas...
Titán: Eso mismo. Y otro montón de cosas que escapan a toda categoría y que rellenan el espacio invisible de los acontecimientos.
Maria: Es la primera persona que me dice una cosa así. Casi todos tienden a sentir rechazo ante el título. (Debe ser por el diminutivo)
Brother: La cita correcta es: "Cada Luisito con su frasquito", pero es válida lo mismo. Y sí, se sabe que existe un puente entre Zelarayán y Gusmán.
Hbr: Aguanten los monólogos.
Camilo: Así es, aunque usted no lo crea. Gusmán Joyce, línea directa... ja ja ja...
Siempre lo digo, los directivos de las grandes editoriales tienen, en un noventa por ciento, mierda en el cerebro. Por otra parte, la cultura es una excusa para que dos o tres chantas organicen copetines a los que, dicho sea de paso, jamás me han invitado.
Raúl: Desde luego, lo decía en broma, no vaya a creer que soy un megalómano o algo así. Mi criterio es tan válido como cualquier otro. Es más, mi criterio no vale nada. Legalmente, soy casi un analfabeto.
Ahi tienen, saludos a todos. Gracias por comentar.
En la cantidad de voces que se superponen evocando un recuerdo me hizo acordar a mí misma, en soledad, hablando con mis otras yo y mis otras ellas. En la calidad..., no.
Cuánta cosa que desconozco.
Gracias por la data.
Beso, M.
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