jueves 12 de junio de 2008

El simplón guiña el ojo al Frejus



“Cuando hemos encontrado lo poco que podíamos encontrar, se acabó. Ya no hay nada que nos diga algo. Seguimos bebiendo vino, pero ya no buscamos nada en él, y ya el vino no nos dice nada. Nada ya nos dice nada. El aire que respiramos no nos dice nada ya. Debemos pensar que estamos muertos. De otro modo, estaríamos muertos y locos a la vez.”

La trama es bien sencilla. Por un lado, tenemos a una familia voluminosa cuyos integrantes están desempleados, a excepción de un solo miembro, cuya paga apenas le alcanza para comprar el pan de todos los días que acaba comiéndose el abuelo: un hombre imponente y voluminoso, que ya no hace más que pasar sus días sentado, con su bastón entre las manos.
Por otro lado, tenemos a la madre del protagonista que enseña a respetar por sobre todas las cosas al abuelo. No por lo que es, sino por lo que ha sido. Un trabajador impresionante de una fuerza solo comparable a la de un elefante. Animal del que no se deja de mencionar constantemente un sinfín de virtudes reales e imaginarias.
Finalmente, tenemos al simplón, que es un obrero que, por casualidad, pasa todas las mañanas y las tardes por la puerta de la casa y que le ha tomado cariño al viejo.
Todo el libro se construye a partir de un suceso excepcional como acaba siendo la inclusión del obrero en una velada familiar.
El obrero convierte la cena en un suceso verdaderamente especial, al convidarlos con manjares que ya habían olvidado que alguna vez probaron. A cambio, les pide que escuchen su historia.
¿Y cuál es la historia del simplón?
Pues, lo que el simplón realmente esperaba de la vida es poder ser un encantador de elefantes. Así como algunos son encantadores de serpientes, él ha querido siempre hiponitizar a los elefantes. Y ahora se le antoja que tiene una oportunidad de sentirse realizado, tocando su flauta para el viejo.

Esta pequeña obra de Elio Vittorini resulta reveladora y enigmática. Un texto feliz de una sencillez que raya en lo banal y que sin embargo nos revela los entretelones de la vida en toda su complejidad. Hay ciertas verdades que no pueden ser dichas sino con metáforas. Ahí es donde he querido ver una obra de una belleza conmovedora.

Uno se queja de deseos insatisfechos, se queja de que su ideal de vida se desplaza hasta volverse más inalcanzable cada vez, sin embargo la mayoría de las veces corremos detrás de metas imaginarias, nos angustiamos por no poseer objetos que, de todas formas, no iban a proporcionarnos ninguna felicidad. En el fondo, somos unos ignorantes que no tenemos la menor idea de qué va la cosa y nos quejamos porque no nos hemos detenido a pensar en qué cosas nos hacen verdaderamente felices.

Obrero que te deslomas día y noche trabajando para sobrevivir en éste mundo loco. ¿Te has puesto a pensar en qué redunda tanto esfuerzo?
Al fin y al cabo, todos nos vamos a morir tarde o temprano. Sería bueno que entonces no dejemos pasar la oportunidad de encantar a los elefantes.

13 comentarios:

Picky Zombie dijo...

yo moriré tú morirás él morirá nosotros moriremos vosotros moriréis ellos morirán

florcis dijo...

L sabes que? no me importa nada de estos libros... pero pasar por aca me hace sentir bien.

florcis dijo...
Un administrador del blog ha eliminado esta entrada.
Rambo dijo...

Pero mi amigo, es muy sencillo. Con no tener la más mínima expectativa en la vida alcanzan y sobra para trascender sin molestar ni ser molestado. Sino remitase al Eclesiastés que ya lo dejaba clarito. El antiguo testamento es una maza.

m. dijo...

aaaaay este libro me encannnnta, lo leí hace mucho, qué mal que me dejó, jaja, ay gracias por hacerme acordar, lo voy a buscar a ver si todavía lo tengo.

arcgabriel dijo...

Pasando a buscar nuevas experiencias literarias y agradeciendo las recomendaciones.

SALUDOS.

El Titán dijo...

Me encantó.Lindo post y linda reflexión...
1-Las verdades siempre se dicen a través de metaforas.No existe otro modo...
2-Quién es el Proletario?El elefante o el flautista...?

Idea dijo...

No es que desdeñe la poesía que dibujan las palabras y encuentro interesante la reflexión y e cuestionamiento, pero ¿no peca acaso de un cierto aire de frivolidad al cuestionar al obrero que se desloma para sobrevivir, sobre qué redunda su esfuerzo? Para pensar en la respuesta necesitará al menos tener el estómago lleno, y para llenarlo “dilapida” la mayor parte de sus esfuerzos, luego tal vez si la muerte no lo toma por sorpresa o desprevenido esbozará una sonrisa con sus restos para después encantar a los elefantes.

Luego es cierto, como usted dice “Uno se queja de deseos insatisfechos, se queja de que su ideal de vida se desplaza hasta volverse más inalcanzable cada vez, sin embargo la mayoría de las veces corremos detrás de metas imaginarias, nos angustiamos por no poseer objetos que, de todas formas, no iban a proporcionarnos ninguna felicidad. En el fondo, somos unos ignorantes que no tenemos la menor idea de qué va la cosa y nos quejamos porque no nos hemos detenido a pensar en qué cosas nos hacen verdaderamente felices”
Pero sospecho que este mal que aqueja a los hombres no es propio de los obreros sino de aquellos que han tenido las herramientas para poder pensarlo.

Humanoide dijo...

Picky: Rock and roll.

Rambo: ¿No será demasiado pretenciosa la intención de andar por el mundo sin pretensiones?

M: Me alegra no estar solo en el entusiasmo.

Arcgabriel: Pues sientase como en su casa, usted ya sabe que aquí siempre es bienvenido.

Titan: Por un lado, la poesía me tiene podrido, por otra parte, el proletariado, también.
Los elefantes necesitan ser gigantes y de color rosa, para poder levantar vuelo...

Idea: Quiero decir una cosa antes de responderte: Y esto lo quiero decir para todos los que dejan comentarios en mi blog:

Me alegra sinceramente que exista este ida y vuelta ideas.
Me alegra sinceramente que sea posible polemizar y pensar juntos al respecto.

Me entusiasma de sobremanera que las cosas que escribo inviten a una reflexión, aunque sea pequeña...

En fin, que lo que quería decir es que tenés toda la razón. Desde luego que juzgar al obrero desde una pantalla de computadora es siempre una frivolidad. En realidad, de eso se trata.
Es posible que ninguno de nosotros, lectores de blogs, hayamos pasado nunca hambre.
Eso no quiere decir que uno no tenga cierta sensibilidad o que uno no pueda imaginar el dolor del otro.
Ahora bien, visto y considerando que uno no sabe lo que es el hambre, pero tiene una gran sensibilidad, en lugar de denunciar las injusticias de un sistema social decadente, etc, etc... bien puede refugiarse de la frivolidad o elevar su condición social a un plano que concierne a todos por igual a través de la poesía.
Ahí es donde, me parece, ensambla el post que he escrito con el libro de Vittorini, cuyo trabajo fue calificado de "realismo poético".
Más o menos me parece que de eso se trata...
Quiero decir... que si el mundo es lo que es, para bien y para mal, no es responsabilidad de nadie en particular sino de todos en general... y si es frívolo denunciar a éste o aquél como culpables de lo que no funciona como debería funcionar, al menos no lo es advertir que la única salida a un problema sin solución es la paradoja de la belleza que encierra la poesía.

No sé si entiende lo que quiero decir o no...

No juzgo al obrero.
El obrero soy yo.
Y yo mismo me pregunto para qué demonios hago lo que hago día a día.
¿Para qué demonios?

Pues la verdad es que no lo sé, pero como no lo sé, prefiero refugiarme en la poesía.

Gracias por compartir conmigo éste instante de reflexión.

Liz Norton dijo...

Qué pena llegar tan tarde. Pues yo me detuve a pensar en qué cosas me hacen realmente felíz mientras leía el post, quizás porque me conmovió que el anhelo de alguien sea encantar elefantes, por qué no, cuando hay tantos que quieren amontonar sus huesos en una oficina, a qué esto último es aún más extraño.
En fin, me pregunté qué me hace felíz y me di cuenta de que soy una simplona y que quizás estaba siendo felíz al tiempo que me lo preguntaba.

Idea dijo...

Humanoide, antes que nada me disculpo si acaso el tono de mi comentario fue duro, por el contrario y como dije, coincido en términos generales con su reflexión, pero me sorprendió que fuera precisamente al obrero que señalara como sujeto de crítica, puesto que siento que somos precisamente nosotros, entre los que me incluyo en primer lugar, quienes muchas veces teniendo una gran cantidad de oportunidades de “encantar elefantes” perdemos el tiempo y dejamos pasar la vida lamentando cosas inútiles y vanas olvidando que la vida es después de todo y para siempre, la gran maravilla posible. Ya lo dijo Celaya, que la poesía es un arma cargada de futuro, poesía necesaria como el pan de cada día, y tal vez sea un arma eficaz para un problema que según creo, sí tiene salida, sólo que tendremos que construirla entre todos.

TOMÁS dijo...

Hola, humanoide, acabo de ver que has dejado un coentario en mi bit�cora. Te lo agradezco. Dejar� un enlace en �l para que puedan visitar tu espacio extraterritorial.
Saludos.
http://tropicodelamancha.blogspot.com

Humanoide dijo...

Liz: No llega tarde, sino justo a tiempo. Toda una cuestión el problema de la felicidad. (Arena entre las manos) Disculpeme. Hoy me siento melancólico. Necesito un café con leche.

Idea: Es genial la frase de Celaya.
No se sienta culpable por haber sido dura si es que acaso lo fue. En todo caso, ya nos entendemos.
Gracias por pasar.

Tomás: Bienvenido mi amigo, pase por aquí cuando guste.

gracias por dejar sus comentarios.